martes, 23 de marzo de 2021

A propósito de Leibniz

La figura de Leibniz es clave, no solo en la historia de la filosofía, sino en la historia cultural de la nación alemana. De hecho, Leibniz puede considerarse una de las figuras claves en el nacimiento y formación de la actual cultura alemana, compartiendo lugar con figuras de la talla de Lutero, Kant, Goethe, Hegel, Bismark o Hitler entre otras. Si Lutero es el padre de la lengua escrita alemana, Leibniz es el padre de la filosofía alemana (aunque escribiera mayoritariamente en francés). La obra de Leibniz, sistematizada por su discípulo Wolf, es el sedimento base del que emanan titanes intelectuales de la talla de Kant, Hegel, Marx, Cassirer o Heidegger. 

La obra de Leibniz parte del troco común del racionalismo continental que surgió con Descartes en el S.XVII. Sin embargo, Leibniz es un feroz crítico del sistema cartesiano, y sobre todo de sus incoherencias, como el deprecio a la información de los sentidos, la inconsistencia de la comunicación entre la res extensa y la res cogitan, o el papel de Dios en la filosofía en general. Leibniz, al igual que Spinoza, se separa del cartesianismo, pero sin dejar el racionalismo continental, sino asentando las bases del posterior criticismo kantiano y del idealismo alemán. Leibniz basa su filosofía en tres grandes pilares, su concepción epistemológica (precedente de la kantiana) del conocimiento, la monadología, y la armonía preestablecida, de la cual se desprenden su paralelismo psico-físico y su teodicea.  

La epistemología leibniziana parte de un reconocimiento tanto de lo empírico, como de lo racional, en su clásica división de los juicios entre las verdades de razón y las verdades de hecho. Las primeras son aquellas proposiciones que son necesariamente verdaderas por su propia naturaleza, o en lenguaje kantiano, anteriores a toda experiencia, a priori; mientras que las segundas no son necesarias, sino que son proposiciones empíricas que pueden ser en un principio de cualquier manera, pero que la experiencia confirma en una manera determinada. Las verdades de razón son de vital importancia para el autor, pues representan las grandes verdades absolutas que forman parten de la estructura intrínseca  del mundo. Entre estas verdades de razón, Leibniz destaca las proposiciones de la matemática pura, o determinados principios como el de no-contradicción (lógico) o el de razón suficiente (metafísico o trascendental). 

El principio de razón suficiente es crucial en el sistema leibniziano, pues en este se sostiene su concepción de Dios o el paralelismo psico-físico. Dicho principio afirma que todo lo que acaece es resultado de una razón suficiente subyacente, es decir, que todo aquello que existe lo hace por un motivo justificado, siendo lo contingente a su vez necesario debido a una razón determinada. Esto rompe con las verdades de hecho, las cuales son contingentes. Esto se debe a que lo que nosotros llamamos contingente, para Leibniz es necesario, solo que no conocemos la razón suficiente que lo causa, siendo Dios, desde su omnipresencia y omnipotencia, el único que puede conocer la razón suficiente de todo lo que es. 

A su vez, Leibniz entiende que dichas verdades de razón son verdades innatas, es decir, que son intrínsecas al ser humano y que no las obtiene por medio de la experiencia, tal y como expone en su voluminoso  Nuevos ensayos sobre el conocimiento humano, donde, a forma de diálogo, discute la tesis empirista defendida por Locke y Hume, la cual afirma que no existen verdades innatas y que el ser humano es una tabula rasa que es moldeada por la experiencia. Leibniz niega esto, afirmando (pareciéndose a Platón) que las verdades de razón son universales y de naturaleza distinta a la experiencia empírica, con lo cual, afirma de forma implícita la diferencia entre alma y cuerpo. 

Pero antes de pasar al paralelismo psico-físico, debemos detenernos en la monadología leibniziana, la cual puede definirse como un atomismo metafísico o idealismo objetivo. Leibniz concibe el mundo formado por átomos metafísicos llamados mónadas, las cuales son independientes, cerradas y representa en sí mismas a la totalidad del cosmos. Por tanto, Dios toma el papel de la mónada suprema, increada e incausada, causa suficiente de todo lo que existe. Estas mónadas son sustancias simples que conforman los compuestos espirituales como el alma o las percepciones, algo que se denomina pansiquismo. 

A su vez, estas mónadas, al ser simples y en sí mismas, cada una de ellas es diferente y única, no habiendo mónadas iguales entre sí. De esto se sigue que todos los cambios que sufren las mónadas son debidos a su naturaleza interna, es decir, no existe relación entre cada una de las mónadas entre sí, sino que las mónadas está cerradas en sí mismas, teniendo percepciones, y algunas apercepción, es decir, ser consciente de sí misma. Las mónadas se considerarse como los átomos simples que componen los fenómenos de la experiencia. Los cuerpos son, sin embargo, extensos en cuanto son manifestaciones de las mónadas, lo que Leibniz denomina fenómenos bien fundados. Son fenómenos porque no son seres verdaderos; no son sustancia propiamente dicha, aunque no son meras apariencias, porque a éstas nada corresponde en la realidad, mientras que a los fenómenos bien fundados les corresponde ser manifestación de la sustancia. Es posible coordinarlos entre sí mediante las leyes generales de los cuerpos, o de la naturaleza. Espacio y tiempo son, en cambio, meras relaciones entre fenómenos.

Esta tesis leibniziana afirma que la correspondencia entre el mundo físico y el espiritual no es debido a ninguna comunicación entre dichas sustancias, tal y como afirmaba Descartes, sino en que ambas están ordenadas de forma paralela, es decir, el orden de los elementos de cada una de estas sustancias está armonizada respeto a su equivalente entre sí. Es por ello que cuando un estímulo visual se asocia a un pensamiento, según Leibniz, no es que dicho estímulo visual genere aquel pensamiento, sino que ambos están sincronizados en su movimiento y aparición, pero no estando comunicados, pues ambos son manifestaciones de mónadas diferentes. Ahora bien, dicha armonía está preestablecida por Dios, el cual ordena las mónadas de forma que estén sincronizadas con los fenómenos sensibles como la materia, el espacio o el tiempo. A esto se le suele llamar paralelismo psico-físico. 

Dicho paralelismo psico-físico reposa en la existencia de Dios, pues es Dios quien posibilita la sincronización paralela entre mónadas y fenómenos. Es así que la demostración de Dios es crucial para la supervivencia del sistema leibniziano. Para ello, Leibniz esgrime una serie de argumentos para demostrar su existencia de diferente índole, desde un argumento ontológico, pasado por el de las eternas verdades, hasta uno cosmológico, además de propia la armonía preestablecida. 

El argumento ontológico que da Leibniz es bien conocido y carente de originalidad. Este afirma que Dios existe porque, al ser perfecto, debe de existir, porque si no existiera, tendría una carencia y no sería perfecto, por tanto, la existencia de Dios está contenida en su propia esencia. El argumento de las eternas verdades, el cual fue formulado primeramente por Descartes, afirma que la verdades innatas no se tienen por causa a sí mismas, a la vez que no son causadas por la experiencia, sino que son efecto de Dios. Por otro lado, el principio de razón suficiente desemboca directamente en Dios, pues al tener todo una razón suficiente subyacente, la causa primera es Dios, el cual da el carácter de necesidad a toda relación causal. Todos estos argumentos no son originales de Leibniz, sino que son repeticiones de argumentos anteriores formulados por otros pensadores, siendo que el argumento cosmológico se remonta a Aristóteles. Es el argumento de la armonía preestablecida el que es original de Leibniz. 

Dicho argumento afirma que el orden sincronizado existente entre materia y espíritu, cuerpo y alma, es impuesto por Dios, siendo que este ordena de tal forma que dichas sustancias, a pesar de tener naturalezas opuestas, son armonizadas por Dios, configuradas para que haya una correspondencia entre ambas sustancias, al igual que dos líneas paralelas son semejantes entre sí y se comportan igual, pero nunca se toca. 

Ahora bien, si Dios es el que establece esta armonía preestablecida, la cual es llamada por Kant como argumento físico-teológico, tropieza con el problema de la existencia del mal, el cual es una serie de desórdenes aparentes de lo que debería de ser. Leibniz intenta subsanar este problema con sus tesis "del mejor de los mundos posibles", el cual afirma que Dios, al tener una serie determinada de mónadas y fenómenos a ordenar, este obtiene una multitud de combinaciones posibles que dan infinidad de mundos posibles con diferentes combinaciones. Siguiendo el principio de razón suficiente, el mundo real es la mejor opción de entre todas estas combinaciones que Dios observa en las infinidad de configuraciones diferentes, reduciendo el mal hasta lo mínimamente posible en función de los elementos dados. Esta artificiosa teoría es llamada como teodicea, es decir, el estudio de la posibilidad de Dios y la existencia del mal, iniciada por Agustín de Hipona. 

La interpretación kantiana de la filosofía leibniziana

Según Kant la filosofía de Leibniz ha sufrido muchísimas deformaciones debido a las interpretaciones desastrosas que realizaron sus discípulos, excepto Wolf, ya que han deformado los principios básicos de su doctrina con el afán de salvaguardar su querida metafísica dogmática. De acuerdo con Kant, la filosofía de Leibniz descansa en tres pilares fundamentales: el principio de razón suficiente, la monadología y la armonía preestablecida. 

El principio de razón suficiente, de acuerdo con Kant, le sirve a Leibniz para fundamentar todos aquellos juicios que no se basan en el principio de no-contradicción, es decir, el principio de razón suficiente es el fundamento de los juicios sintéticos, mientras que el de no-contradicción fundamenta los juicios analíticos, ya que están contenidos en sí mismos, mientras que el de razón suficiente es la base de los sintéticos, pues da conocimiento de conceptos que va más allá de sí mismos. Es Wolf quien intenta reducir este último principio al de no contradicción, y este a su vez al de identidad, siendo este el principio supremo de todo conocimiento según la metafísica dogmática. 

Desde la perspectiva kantiana, la doctrina de las mónadas no afirma que la materia y lo sensible en general esté constituido por entes simples no sensibles, lo cual pretende Eberhard, ya que lo sensible no esta constituido por mónadas, ya que entonces serían fenoménicas, lo cual entra en contradicción con la naturaleza de las mónadas, las cuales son entes intelectuales o espirituales que conforman la realidad no sensible.

Por último, Kant afirma que la armonía preestablecida es un símil de su doctrina, es decir, que la concordancia entre lo sensible y lo intelectual es que este último es la condición formal de toda sensibilidad posible. A causa de una gran admiración a Leibniz, Kant, más que una defensa de su sistema, hace una adaptación de las doctrinas leibnizianas y wolfianas a los esquemas de su filosofía trascendental. Aunque su interpretación de las mónadas sea correcta de acuerdo con una lectura desnuda de Leibniz, los otros dos puntos son más que cuestionables, ya que, tal y como expone Heidegger en su Introducción a Qué es metafísica, Leibniz era un auténtico metafísico revestido de ropajes lógicos y matemáticos, aspirante fallido a la contemplación de la cosa en sí o noúmeno. 

 

domingo, 7 de marzo de 2021

La Escuela Clásica de Economía

 La escuela clásica de economía surge paralelamente al auge del comercio global y a la desintegración del sistema feudal debido al descubrimiento de América, la circunnavegación de África y el auge del Estado Moderno. Estos cambios geográficos, políticos, sociales y económicos suministraron el material de la primera escuela de economía moderna, la escuela clásica, la cual establece las bases de todo el pensamiento económico. Dicha escuela se inicia con la obra de Adam Smith, en concreto su Riqueza de las Naciones. 

La escuela clásica de economía surge como necesidad de dar un corpus teórico al auge del comercio y la industria, que poco empieza a sustituir a la agricultura como el motor económico de las naciones, lo cual era defendido por los fisiócratas franceses, como Quesnay, el cual afirma que la agricultura es el pilar de las naciones. La escuela clásica se compone por grandes pensadores de la talla de Smith, Malthus, Ricardo, Marx o Mill. De hecho, dicha escuela es la base de otras escuelas tan dispares como la marxista (influenciada por Ricardo) o la neoclásica o neoliberal, encabezada por Friedman (influenciada por Say), e incluso el keynesianismo, el cual tiene un origen remoto en las reflexiones de Malthus. A su vez, esta escuela establece una serie de leyes económicas, las cuales encuentran sus fuentes en el liberalismo político de Locke, y en la obra de los fisiócratas franceses como Quesnay, las cuales son las siguientes: 

Ley de Petty/Engel: el progreso tecnológico reduce los costes económicos y aumenta los ingresos generales.

Teoría del valor-trabajo: el valor queda determinado por la cantidad de trabajo. 

Ley de los mercados: la riqueza depende de la producción. 

Ley de Hierro de los Salarios: el salario de los obreros debe de limitarse a su subsistencia y debe dejarse a las inclemencias de la libre competencia. 

Ley de Say: la oferta y la demanda regulan los precios del mercado. 

Adam Smith 

Smith es el precursor del llamado liberalismo económico, a la vez que padre de la economía clásica, la cual se extiende por todo el S. XVIII y el S.XIX hasta la obra de Stuart Mill, pasando por Malthus y Ricardo, como influenciando al propio Marx. La obra de Adam Smith encuentra sus fuentes en el pensamiento económico francés, los fisiócratas, y del liberalismo político de John Locke y David Hume, analizando las circunstancias sociales y económicas de la Europa del S.XVIII. Su gran obra es la genial y voluminosa La Riqueza de las Naciones, la cual es una crítica al mercantilismo propio de los Estados Modernos, los cuales aplicaban medidas proteccionistas al comercio con tal de proteger sus intereses comerciales y políticos. Smith propone una serie de medidas librecambistas que cristalizan en los siguientes principios. 

Por un lado, la naturaleza del movimiento económico no se determina por la cantidad de oro y plata, sino por la oferta y la demanda que se produce en el propio mercado libre. Para Smith, y el resto de liberales, el libre beneficio personal se traduce en el beneficio general o público, pues al buscar la riqueza personal de forma justa y razonable, las redes económicas ponen en circulación distintos capitales, siendo que las ganancias de uno dependen de las ganancias de otro, es así que el mercado libre, cuando cada una busca su propio beneficio, se traduce en prosperidad para todos debido a las interrelaciones económicas de los productores y consumidores. Este equilibrio del mercado Smith lo llama "Mano Invisible". 

Por otro lado, Smith inaugura la teoría del valor-trabajo, se basa en la cantidad de trabajo necesaria para producirlo, siendo el trabajo la medida del valor real de cambio de todos los bienes. Es así que el precio es determinado por la cantidad de trabajo y el coste para sostener el negocio, siendo que el beneficio del capitalista la diferencia entre el precio del producto y el salario de los obreros, el cual tiene derecho a reclamar debido a la posesión de los medios de producción y su propia iniciativa. Sin embargo, este es el precio real, mientras que el precio natural o nominal es resultado de la oferta y la demanda de un determinado producto adscrito al mercado. Es esto lo que explica que los precios fluctúen en el mercado, pues un determinado producto puede aumentar o disminuir de precio dependiendo de la oferta, es decir, de la cantidad de proveedores que ofrecen dicho producto en el mercado; como a su vez de la demanda, la cantidad de personas que están dispuestas a comprar dicho producto a un determinado precio. El valor viene determinado por la cantidad de trabajo que es retribuido en mercancía a los trabajadores, los beneficios de los capitalistas y la renta de los terratenientes. 

Otro aspecto de la doctrina de Smith es su perspectiva sobre el dinero. Para Smith, el valor del dinero viene determinado por la capacidad de cambio que tiene este sobre el resto de los productos ofertados en el mercado, siendo el dinero no una riqueza en sí misma, sino un método de transacción económica que simplifica los intercambios comerciales. Smith estudia los componentes económicos de la agricultura. Para Smith, la renta de la tierra es crucial en su obra, influenciado por los fisiócratas franceses. Este argumenta que es en la agricultura donde la naturaleza colabora con la producción humana, ya que la productividad de la tierra está relacionada con la producción humana, ya que la productividad de la tierra está relacionada con la calidad de los terrenos. El trabajo no sólo mide el valor de aquella parte del precio que se resuelve en trabajo, sino también el de aquella otra que se resuelve en renta y en beneficio.

Smith determina cuáles son las políticas económicas en materia pública para un óptimo crecimiento en oposición al mercantilismo del S.XVIII. El libre comercio debe de ser el pilar de toda nación, para fomentar la libre competencia, nacional e internacional, ya que fomenta a su internacional, ya que fomenta a su vez el trabajo especializado, mejorando la eficacia y la productividad. Es así como Smith defiende que la riqueza de una nación no se mide por la cantidad de oro o plata que tiene dicha nación, sino el conjunto de trabajo anual, el cual satisface las necesidades y comodidades de la vida. La especialización del trabajo viene determinada por el tamaño del mercado, siendo las medidas proteccionistas y monopolistas destructoras del mercado competitivo y por tanto de la eficacia y la prosperidad que proporciona la especialización del trabajo. 

El poder del Estado se limita a la defensa nacional, interna (rebeliones) o externas (guerras), la administración de la justicia y la elaboración de obras públicas que mejoran las infraestructuras económicas como carreteras o puentes, además de proveer servicios públicos como la sanidad o la educación, algo que los fanáticos liberaloides no conocen (o no quieren conocer) de la obra de su supuesto maestro. 

Jean Baptise Say 

Este economista no ha sido muy reconocido en la historia del pensamiento económico, pero ha dado dos importantes contribuciones que son dignas de mencionar. Por un lado, Say sistematizó los principios económicos descubiertos por Smith de un forma más coherente y simplificada que la del propio Smith. A su vez, Say introduce la clásica concepción de los ciclos económicos por las fluctuaciones del mercado (oferta-demanda), siendo innecesario intervenir en estos ciclos, ya que la oferta no puede superar a la demanda (superproducción) y la demanda no puede superar a la oferta (desabastecimiento), pues los precios se equilibran solos. 

De esta concepción del mercado surge en la llamada "ley de Say", la cual dice que la producción de bienes genera una demanda agregada que es capaz de comprar todos esos nuevos bienes. El precio de cada producto venido genera unos ingresos bajo la forma de beneficios, intereses, salarios o rentas de la tierra, suficientes para comprar dicho producto. Alguien percibe ese valor, y una vez lo percibe, lo desembolsa para igualar lo producido. Es posible que haya quien ahorra su dinero, pero al ahorrarlo, lo invertirá, cerrándose el círculo. Si por el contrario alguien atesora parte de su dinero, y dicho dinero no es invertido, los precios bajarán, ajustándose el mercado a un nuevo equilibrio. Esta ley triunfó hasta la Gran Depresión y la obra de Keynes el cual argumentaba que en los periodos deflacionistas puede ocurrir que haya una tendencia a retener dinero, bajando los precios más y más, hasta dejar de ser rentables, y que las empresas no vendan sus productos y cierren, cayendo aún más en la deflación. Para reajustar el mercado, según Keynes, el Estado debe gastar y endeudarse para realzar los precios y estabilizar el mercado. 

Thomas Robert Malthus  

Malthus es uno de los primeros economistas más importantes de la historia de esta disciplina, pues incorpora una dimensión multidisciplinar al análisis económico, siendo en su caso una combinación entre la economía y la sociología, en especial la demografía. Malthus da una perspectiva más sombría a la economía que la que da Smith, pues este analiza la influencia del crecimiento poblacional en relación con los ingresos salariales y la rentabilidad de la tierra. 

La tesis de Malthus más famosa es bien sencilla, mientras que el crecimiento de la población es geométrico, el de los recursos que permiten este crecimiento es aritmético, es decir, la población crece mucho más rápido en proporción a los recursos que la mantienen. Si la población crece de esta forma, debido a las mejoras en la producción, la eficacia de la tierra y los avances médicos y sociales; la distribución de los recursos alimenticios y económicos será más deficiente, pues habrá que poco que repartir ente mucho que asistir. Es así que el crecimiento desproporcionado de la población con respecto a los recursos que la mantienen producirá miseria y penurias en la población, fomentando las revueltas, epidemias y guerras que harán que aumente dicha miseria. 

Malthus describe los efectos económicos y sociales de los desequilibrios demográficos, de hecho, argumenta que estos desequilibrios demográficos pueden producir situaciones en las que la ley de Say se invalide, ya que al producirse un crecimiento demográfico superior al crecimiento de los recursos que pueden soportar a dicha población, esta recibe una alimentación y recursos económicos inferiores, generando una miseria y pobreza que destruye su riqueza y capacidad de compra y venta, es decir, la demanda se reduce debido a la incapacidad de compra de los demandantes. Ante la reducción de la demanda, Malthus afirma que se produce una superoferta, reduciéndose el precio los productos y servicios que se ofertan, debido a que o pueden ser absorbidos por la demanda. Esto produce que puede llegarse al punto crítico de que los precios de la oferta bajen, tanto que la producción de estos dejan de ser rentable, y los productores quiebran en masa, destruyéndose los tejidos económicos del mercado y aumenta aún más la miseria de la población, impidiéndose llegar a un equilibrio en mucho tiempo, algo que la ley de Say no contempla. 

Tan importante es esta última reflexión por pare de Malthus, que sirve de base al análisis posterior de los procesos deflacionarios que estudia Keynes en sus escritos, siendo que en algunos casos los desequilibrios del mercado son tan grandes que el propio mercado no puede autorregularse, y necesita de la ayuda del Estado para superar las recesiones y los periodos deflacionarios. Es así que Malthus encuentra el problema, y Keynes intenta encontrar su solución (de forma dudosa). 

David Ricardo 

La obra de Ricardo es quizás, junto con la de Smith, Marx y Keynes, de las más importantes del pensamiento económico occidental, no tanto por su contenido en sí, sino por el legado que deja a otros economistas, como Karl Marx. De hecho, algunos piensan que Marx solo lleva el pensamiento de Ricardo hasta sus últimas consecuencias. Su principal obra son sus Principios de economía política y tributación, en la cual hace un defensa de la doctrina de Smith-Say frente a la crítica de Malthus. Además, Ricardo realiza un sistema más deductivo y axiomático que tanto gusta a muchos economistas como Marx o Friedman. Su doctrina económica puede dividirse en varios puntos: 

En una primera instancia, Ricardo hace un análisis de la rentabilidad de la tierra, afirmando que la renta del terrateniente son los ingresos que recibe como proporción del producto de la tierra que este recibe por el uso de los poderes originales del suelo. Con esta proposición, Ricardo completa el análisis maltusiano de la tierra, pues la presión demográfica hace que se ocupen las tierras más pobres, con lo que la fertilidad del suelo disminuye hasta llegar a meros mínimos de subsistencia. Por tanto, en el sistema ricardiano, el aumento de la renta es el efecto de la creciente riqueza de un país y de la dificultad de proveer alimentos a la también creciente población. Este primer punto del análisis ricardiano puede parecer que el mismo Ricardo es un fisiócrata, pero este va más allá del análisis de la agricultura, pues Ricardo hace una defensa del libre comercio y de la obra Smith, aunque de una manera mucho más obscura y obtusa de entender. 

Sobre el mercado, una de sus tesis más famosas es su Ley de Hierro de los Salarios, la cual afirma que los salarios de los obreros solo debe de permitirse la subsistencia y deben de estar libres de toda intervención estatal y adjudicados a las inclemencias del libre mercado. La Ley de Hierro es el precio natural del trabajo. Ricardo desaconseja el aumento de los salarios por parte del Estado siguiendo la lógica maltusiana, pues is estos aumentan de forma artificial, el nivel de vida de los trabajadores aumenta de tal forma que su población aumenta por encima de los recursos necesarios para su subsistencia, con lo cual aumenta la miseria, ya que hay más trabajadores que alimentar con menos recursos. Por otro lado, la Ley de Hierro es la causa a su vez de la llamada equivalencia ricardiana, la cual afirma que el aumento del gasto público no afecta en el crecimiento de la economía real, pues ante un aumento de los impuestos, los ciudadanos disponen de menos riqueza para invertir a ahorrar, siendo esta equivalencia ricardiana la base de la crítica posterior a las políticas keynesianas por parte de los neoliberales, como Friedman. 

Es por esto que Ricardo deja en el mercado la regulación de los salarios, por lo que este defiende el libre mercado y la eliminación de todas las medidas proteccionistas, sugiriendo su famosa "ventaja competitiva", la cual afirma que para que una nación prospere, esta debe de especializar su producción y su comercio en aquellos productos y servicios que pueden proporcionar de forma más barata que en otras naciones. 

Sin embargo, la contribución más importante es quizás su teoría del valor-trabajo, la cual es el núcleo teórico donde descansa todo su sistema económico. Para Ricardo, el trabajo es aquello que proporciona valor a los productos, es decir, los productos adquieren su precio en función de los costes de producción de dichos productos por parte de los trabajadores. Es así que los trabajadores con su tiempo son los que producen y dan valor a los productos y mercancías. No obstante, estos trabajadores solo reciben una proporción de su trabajo en forma de salario, pues una parte del precio corresponde al capitalista o empresario, ya que este es el que posee los medios de producción utilizados por los trabajadores, además de que es él el que arriesga su propio capital. 

Dicha teoría del valor-trabajo es tan importante para la historia del pensamiento económico porque es la base en la que se asienta la obra de Karl Marx. Para este último, en contra de su maestro Ricardo, el beneficio del capitalista como un robo, pues se sustrae una cantidad del precio que tendría que recibir el trabajador por su propio trabajo. A este robo por parte del capitalista trabajador es lo que Marx llama plusvalía 

John Stuart Mill 

La escuela clásica de economía, pesar de su importancia, sufre de deficiencias teóricos y prácticas que la ponen en entredicho, siendo uno de ellos el estado de los salarios y de ellos los obreros que lo reciben, alegando que la ley de Say no puede explicar las grandes crisis económicas y periodos deflacionistas que sumergen a un más en la miseria a dc dichos trabajadores, no pudiendo regular el mercado por sí mismo, algo que ya diagnosticó Malthus. La diferencia entre capitalistas y obreros, o terratenientes y campesinos supone, desde una base ricardiana, supone el material de la crítica marxista a la explotación capitalista. Sin embargo, la propia economía clásica encuentra su defensa en la filosofía política y económica de Stuart Mill, el utilitarismo. 

El utilitarismo, desarrollo por J. Bentham y el propio Mill, descansa en el principio de que la máxima del ser humano es alcanzar la felicidad y el bienestar, traducido en el lenguaje económico, en la producción de bienes y servicios que facilite dicho bienestar. El utilitarismo entiende que el libre para alcanzar dicho bienestar de la forma que crea conveniente para sí mismo, siempre y cuando no choque con la libertad de otros. La vertiente económica de este se articula alrededor de la idea del máximo beneficio para el mayor número de personas posible. 

Puede encontrarse algunos inicios de esta idea central en la obra de Locke o Hume, incluso en la del propio Smith. Sin embargo, el utilitarismo se centra que la diminución de la intervención estatal solo a lo estrictamente necesario y útil para toda la comunidad, donde al individuo toda la libertad que no choque con la de otros para alcanzar su beneficio máximo. La economía política debe centrarse en aquellas medidas o decisiones que proporcionen el máximo beneficio al máximo número de personas posible. Es aquí donde se centra la doctrina económica de Mill. 

El pensamiento económico de Mill se basa en una crítica reformista de la economía clásica, pues veía varios desequilibrios económicos entre los trabajadores y los capitalistas. Es el principio utilitario el que restablece dicho equilibrio entre clases, pues el capitalista debe de optar por la decisión que de el máximo beneficio a todos sus trabajadores como sea posible. Esto se enmarca en lo que Mill llamó "estado estacionario", en el cual todos sobreviven con cierto bienestar y satisfacción, algo que afecta a la productividad en general. Mill, al contrario que Ricardo y siguiendo a Smith, afirma que es deseable un mínimo de intervencionismo económico por parte del Estado, como impuestos al alcohol o la construcción de obras públicas para el desarrollo económico y social de la nación. A su vez, también defiende la existencia de regulaciones legislativa que garanticen cierta seguridad y bienestar a los propios trabajadores. 

Sin embargo, en sus últimos escritos Mill adopta una postura más afín al socialismo, muy parecida a las de Proudhon, o incluso Russell, afirmando Mill que es deseable la sustitución progresiva del capitalismo por la "democracia económica", es decir, la formación de cooperativas de trabajadores que pueden competir y colaborar entre sí dependiendo de las circunstancias, diferenciándose de la economía marxista ortodoxa, pareciéndose mucho al revisionismo reformista de Eduard Bernstein. Mill se diferencia del marxismo en que este último pretende la sustitución del mercado por una planificación económica central, mientras que Mill conserva el mercado y sus mecanismos, pero sustituyendo las empresas capitalistas por cooperativas de trabajadores. 

A su vez, Mill defendía la incorporación de la mujer al mercado laboral en igual condición que el hombre, además de proveer políticas de control de la natalidad para impedir los desastres poblacionales pronosticadas por Malthus y que asolan a muchos países tercermundistas. Por último, Mill es famoso por sus Principios de economía política, el cual se convirtió en el libro de texto de economía más importante de las universidades hasta la obra de Alfred Marshall y John Maynard Keynes. 

Crítica a la economía clásica 

La teoría económica clásica supone toda una revolución en el pensamiento económico en su determinado contexto, pues proporciona todo un sistema teórico económico que explica y predice una enorme cantidad de fenómenos económicos, políticos y sociales, hasta tal punto que muchos economistas más contemporáneos, como Friedman, Becker, Fogel o North, sintetizado doctrinas de esta escuela con observaciones y métodos matemáticos más modernos, forjando lo que se conoce como economía neoliberal. 

Sin embargo, la doctrina clásica tiene notables deficiencias teóricas y metodológicas, como es la teoría del valor-trabajo, la cual comparte con la economía marxista. Dicha teoría es radicalmente incorrecta, pues el valor de un objeto o servicio no queda determinado por la cantidad de trabajo para su producción, sino que el valor es un conglomerado de factores circunstanciales y subjetivos que son imposibles cuantificar y determinar en una fórmula matemática o axioma lógico alguno. A esta última se le conoce como teoría subjetiva del valor, la cual fue formulada por la escuela austriaca de economía, teniendo a Von Mises y a F. Hayek como abanderados. 

Por otro lado, la ley de Hierro de los Salarios de Ricardo, aparte de ser moralmente cuestionable, es económicamente incorrecta, pues se ha observado desde muchos enfoques que la productividad y el rendimiento general de cualquier empresa mejora considerablemente cuando los salarios son superiores a la mera subsistencia. Esto lo expone la escuela de Estocolmo, con Gunnar Myrdal a la cabeza. Este último afirma que la elevación de los salarios y el aumento de las políticas sociales (sin romper el equilibrio presupuestario) aumenta el crecimiento económico y el bienestar social, además de no llevar a un crecimiento demográfico desproporcionado aparentemente, pues los países con mejores sueldos son aquellos donde la fertilidad por mujer cae año tras año. 

Otro punto claro donde la teoría clásica flaquea es la explicación del fenómeno de deflación, algo que desarrolla el propio Keynes. Para Keynes, los fenómenos de deflación, donde la producción baja y el desempleo aumenta, son los más peligrosos, pues una bajado en los precios hace que los productos dejen de ser rentables y las empresas se contraen. Al contraerse, estas despiden a empleados, y estos dejan de ganar dinero para poder consumir, no comprando productos, bajando aún más los precios. 

Para Keynes, en contraposición a los liberales como Hayek o Friedman, la inflación (moderada) supone cierta bonanza económica, ya que, al aumentar el precio de los productos, las empresas generan más dinero, pudiendo contratar a más empleados y expandirse. Estos empleados ganan más bienes, ganando las empresas, pudiendo generar más empleo. La cuestión económica no es el ahorro, sino el consumo, verdadero motor de la economía, especialmente en los momentos de crisis. La renta y el empleo viene determinado por la demanda (consumo) y no por la oferta (ahorro), algo que se opone en toda regla a la teoría clásica, pues el Estado, parece reactivar la economía, debe de intervenir el Mercado y endeudarse. 

Esto no quiere decir que Keynes fuese un socialista y que la propiedad de los medios y que la propiedad de los medios de producción tuviera que ser estatal, sino que defendía un intervencionismo en las actividades que el mercado no puede hacer por sí mismo. El fin último de la economía política de Keynes es moderar las fluctuaciones económicas, con el objetivo de evitar el desempleo y la recesión. A su vez, Keynes critica la base de la política monetaria de la escuela clásica, a saber, el patrón oro, la cual queda plasmada en su ensayo las consecuencias económicas de Churchill.

En dicho ensayo, Keynes argumenta que las políticas monetarias conservadoras y contractivas de Churchill, las cuales siguen los principios del patrón-oro defendido por los economistas clásicos es contraproducente. Estas tienen el objetivo de elevar el precio de cambio de la libre esterlina hasta un 10% menos del precio del oro. Con esto, Inglaterra volvería al patrón-oro, incrementando el valor de la libra esterlina, produciendo que los precios de las exportaciones inglesas aumenten y sean más caras para los comercios foráneos. Esta política monetaria contractiva provoca que las exportaciones inglesas sean menos competitivas y que los salarios aumenten. Con esto, las exportaciones deben de ser vendidas a un 10% menos de su precio, con lo cual las empresas tienen mayores pérdidas en el extranjero y deben prescindir de empleadas con altos salarios. Esta política, para Keynes, genera desempleo que merma la competitividad de las empresas y el consumo de los ciudadanos, disminuyendo la riqueza generada por el país y generando más desempleo. 

Keynes argumenta que este tipo de políticas ha provocado una deflación económica, ya que los ingresos de las exportaciones bajan, mientras que los salarios y el precio del nivel de vida se mantiene igual, generando pérdidas en las empresas exportadoras, produciendo desempleo, bajando el consumo de los ciudadanos, haciendo que más empresas tengan pérdidas y generen más paro... 

Por último, la economía clásica recibe otra crítica de la mano de aquellos economistas que se se consideran como "historicista" y en su versión más depurada "institucionalistas". Estos economistas, que son tan distintos entre sí, comparten la idea de la necesidad de incluir los procesos históricos, políticos e incluso culturales o religiosos en el análisis económico. Este es el caso de la Escuela Historicista Alemana, la cual reúne a autores tan importantes como Friedrich List, Max Weber o Joseph Schumpeter entre otros. Estos economistas argumentan que la teoría clásica no tiene en cuenta los estadios históricos en los que se encuentra las diferentes sociedades. Dicha concepción del análisis económico supondrá la base para los economistas institucionalistas, tales como Myrdal o J. Galbraith. 

Sin embargo, la crítica más feroz, aunque no por ello correcta, de la economía clásica es dada por la escuela marxista, la cual, haciendo acopio de la filosofía hegeliana, afirma que el capitalismo librecambista no es un estado final deseable, sino un mero estadio en la historia económica y social que sucumbirá ante la inexorable llegada del socialismo, y con él, el comunismo, el paraíso en la tierra, el fin de la historia. 




viernes, 26 de febrero de 2021

Liberalismo español, anotaciones a la filosofía de Carlos R. Braun

 En su ensayo Estado contra Mercado, el economista y filósofo liberal Carlos R. Braun expone de forma breve y clara las líneas ideológicas y económicas del actual neoliberalismo español, el cual tiene multitud de acólitos como Juan Ramón Rallo, Jano García, Antonio Escotado, Fernando Savater o el mismo Carlos R. Braun. En este pequeño ensayo, Braun aborda la polémica entre el libre mercado y el intervencionismo económico del Estado democrático desde una perspectiva claramente liberal, sin tecnicismos económicos y políticos. Braun, y el resto de liberales, defiende la idea o tesis de que el Estado se ha vuelto excesivamente grande que obstruye en cierta medita al Mercado, yendo más allá de la justicia y teniendo posturas políticas y morales cuanto menos cuestionables. 

Elogio al Mercado 

Braun comienza defendiendo la tesis de que el capitalismo salvaje no existe, pues en el salvajismo solo impera la ley del más fuerte, contrario a su concepción del Mercado. Braun apunta que en las civilizaciones  donde ha habido libre comercio, ha habido desarrollo material, político y cultural, algo que explica que haya golpes militares en África y no en otros países en pleno S.XXI, ya que el desarrollo de la democracia liberal imposibilita la toma del poder por la fuerza bruta debido a la fuerza del libre mercado. Dicha tesis es la base del historicismo liberal de Francis Fukuyama, el cual afirma que el colapso del socialismo marxista y el triunfo de la democracia liberal occidental supone el fin de la historia, al que es bastante exagerado, pues algunos autores como S. Huntington afirma que la historia actual encuentra su nuevo motor en la lucha o choque de civilizaciones o macroculturas. 

Por otro lado, Braun aclara que el intervencionismo actual ha evolucionado a posturas más sensatas que de la eliminación del Mercado, pasando del puro dirigismo eficientalista (comunismo o fascismo), a la búsqueda de la equidad y la redistribución de la riqueza, siendo este el discurso hegemónico de la socialdemocracia actual (y en algunos casos de la democracia-cristiana). A su vez, el liberalismo anarquista o anarcocapitalismo defendido por Ayn Rand es imposible, ya que el Mercado implica necesariamente una serie de restricciones básicas: los derechos civiles y la propiedad privada, los cuales solo pueden ser proporcionados por el Estado de Derecho. Con esto, el Mercado se define como el conjunto de transacciones y relaciones que hacemos entre nosotros con el objetivo de satisfacernos, protegiendo la propiedad privada y limitando el poder político. 

Para Braun y el resto de economistas en general, el origen del desarrollo económico y del bienestar personal reside en la especialización del trabajo. Las sociedades más primitivas son más pobres debido al excesivo número de tareas que realizan sus miembros. Con la especialización del trabajo, la productividad aumenta sin precedentes, aumentando los intercambios de productos y el bienestar de sus miembros. Esto se debe a que con la especialización, uno se centra en su trabajo, produciendo más, intercambiando lo que produce por otros productos que necesite, siendo el dinero el mecanismo para ello. A su ve, si uno no tiene productos que ofrecer, puede arrendar su propia fuerza de trabajo, ya que el Mercado no es un mecanismo cerrado, sino un complejo fenómeno social que evoluciona y cambia con el tiempo y los avances tecnológicos y culturales. 

El Mercado nos indica para lo que servimos y lo que valemos en forma de precios, los cuales se establece en función de las necesidades y satisfacciones de la colectividad, es decir, el equilibrio entre oferta y demanda, la famosa ley de Say. La pobreza no resulta del mercado, sino de una traba a este. Esto último, a pesar de su coherencia aparente, es errónea, pues Braun, y el resto de liberales actuales, presuponen una racionalidad inherente al mercado. El Mercado, a pesar de su cierta racionalidad y apertura, presenta una serie de desequilibrios y errores que se deben a la propia estructura del mercado. Sin embargo, esto no justifica los métodos utilizados por los intervencionistas, en especial los keynesianos (y neokeynesianos), los cuales, lejos de resolver los desequilibrios económicos a largo plazo, los han dejado tal y como están, y en algunos casos como en Latinoamérica o la Europa mediterránea, a empeorado considerablemente. 

El proceso de creación y difusión de la riqueza se debe a la explotación de oportunidades, las cuales profundizan en la especialización del trabajo. Esto se revela en la metáfora de la Mano Invisible, desarrollada por Adam Smith, padre de la economía clásica, en su excelente y voluminoso ensayo, La Riqueza de las Naciones. Esta Mano Invisible, no debe de ser entendida como sustantivo, algo ajeno que controla el Mercado, sino como adjetivo, es decir, el orden económico moderno es invisible, por tanto, incontrolable, algo que es desarrollado por la Escuela Austriaca, en especial por Von Mises y F. Hayek, los cuales llegan a afirmar que el Mercado es tan complejo que no puede ser traducido por ningún modelo matemático como pretendía algunos economistas como Ricardo, Keynes o Friedman. Esto se debe a que el valor de los productos y servicios no está determinado por ninguna ley o parámetro objetivo, tal y como pretendían los economistas marxistas como Marx, Lange o Kalecki, sino que el valor de un producto o de un servicio queda determinado por la estimación subjetiva de dicho producto o servicio de la población objetivo a la que se destina, es decir, el valor queda determinado no por el trabajo, sino por la relación entre oferta y demanda. 

Braun declara que el Mercado es ordenado, y que no atiende a la fortaleza y a la debilidad de las empresas, sino a la eficiencia de estas. Empresas enormes pueden caer fácilmente si no son eficaces en sus respectivos sectores económicos. Pero, cómo saber en que especializarse, en que invertir nuestra fuerza de trabajo. Esto viene dado por el Mercado, por aquello que podemos ofrecer a los demás, tanto en forma de trabajo como en recursos.  Aquellos que no prosperan son los que no han encontrado un mercado o sector del mercado donde puedan comerciar con sus recursos y capacidades, lo que la moderna psicología del trabajo o industrial llama empleabilidad. El Mercado es una oportunidad y no un obstáculo, ya que con la especialización del trabajo, aumenta la producción, la renta, el consumo y el bienestar. La economía sea ha entendido como un juego de suma cero, donde uno gana lo que pierde otro. Sin embargo, esto es erróneo según los liberales, pues el Mercado es un juego de suma positiva, donde todos podemos ganar simultáneamente. 

Esta concepción primitiva del Mercado, según Braun, el el origen de ideas como la teoría del Valor de Marx, la cual se sustenta en que el valor de algo es el coste de transformar la materia prima en dicho producto, siendo los trabajadores aquellos que proporcionan valor, y siendo el beneficio del empresario un robo en toda regla, lo que Marx y el resto de marxistas llaman plusvalía. Según la tesis de Braun, los enemigos del mercado o el comercio (Escotado) utilizan esta concepción del capitalismo para calificarlo de injusto, buscando en la revolución, y después en la reforma, el "hombre nuevo", lo cual solo ha traído hambre y muerte para millones de personas, pues donde se elimina la propiedad privada, también desaparecen las libertades civiles y políticas, algo que expone brillantemente Hayek en su magnífico ensayo Camino a la servidumbre. 

Las especialización del trabajo y el Mercado han traído mayor producción y bienestar para enormes masas de población. Por otra parte, problemas como el hambre tienen más que ver con la libertad de acción que con la producción alimenticia, pues un país como India dejó de registrar hambrunas masivas desde que implanto la democracia, a diferencia de su vecina China, que hasta que no abandonó el comunismo maoísta, no dejo de registrar hambrunas periódicas tan desastrosas como la de los años sesenta con 30 millones de víctimas. La competencia es el disolvente de los privilegios económicos. Los intervencionistas, según Braun, anteponen en muchos casos las libertades políticas sobre las libertades económicas, cuando los países más políticamente democráticos son los países más libres económicamente.  

El Monopolio 

Para Braun, el argumento de que el libre mercado fomenta la creación de Monopolios es falso, debido a que parte de la concepción salvaje del Mercado. Los monopolios son excepciones raras en libre mercado, que no suelen durar mucho, debido al beneficio que obtienen, el cual estimula la competencia de otras empresas la intervención de monopolios u oligopolios por parte del Estado no es económico, sino política.. 

Braun argumenta que existe en el sector privado desde hace tiempo una legislación antimonopolista, pero frecuentemente es usada por aquellos que quieren que empresas ineficaces no se queden sin negocio. El ejemplo que pone es la de los fabricantes de automóviles americanos, que queriendo impedir la entrada en sus mercados de los automóviles japoneses, con la escusa de proteger la libre competencia. Con la entrada de la industria nipona y europea, los americanos disfrutan de coches más modernos y baratos. Las medidas proteccionistas perjudica a los consumidores como los productos eficientes, beneficiando solo a empresas ineficaces, como la anquilosada PDBSA en Venezuela, o Telefónica en España. 

La liberalización de los mercados siempre trae beneficios, no siendo importante el número suficiente de competidores (es imposible saberlo), sino la eliminación de restricciones al comercio y el mercado. Cuando un gobierno protege una empresa frente a un competidor, lo que hace es proteger a empresas ineficaces y caras para el consumidor de bienes y servicios. No es eficiente pasar de un monopolio natural a un monopolio público o estatal. 

Bienes Públicos y Externalidades 

Los bienes públicos son aquellos que no producen rivalidad y no son competitivas. No disminuye la cantidad disponible tras su uso y es externo porque no cuesta nada añadir a una persona más a su uso (las carreteras o la TV pública). Un bien público no es un bien gratuito. Este bien no es racionalizado por los precios del mercado pero hay que pagar su construcción y/o producción (impuesta). Un bien público no quiere decir que producido por el Estado en forma de monopolio. Un bien público puede ser suministrado por empresas privadas a través de tasas indirectas, no por su uso, sino por su mantenimiento. 

Llegado a un punto, Braun declara que existe externalidades que afectan negativamente a los demás, como es la contaminación, que para su correcta solución, según Braun, no debe verse como un fallo del Mercado, sino como una debilidad institucional y se debe tener cuando con lo que se hace. 

Equidad y Macroeconomía 

Para Braun, la justicia se confunde con la igualdad, no atendiendo a las circunstancias concretas, sino a las relaciones entre individuos, pues no se argumenta que en los países pobres la renta per cápita sea baja, sino que se compara entre ricos y pobres de dicho país. El Mercado produce desigualdad debido a determinados defectos, pero muchos arguyen que el propio Mercado genera desigualdad porque distribuye la riqueza en función de la productividad, algo que es defendido por Marx y sus trasnochados acólitos. 

El Mercado produce desigualdad, pero también produce riqueza para todos. Disminuir la desigualdad de forma forzada genera más pobreza y miseria, ya que las sociedades menos desiguales son las más primitivas y miserables, donde no se respeta la libertad individual, como el caso de Haití o Nicaragua. El Estado, al suprimir la desigualdad del Mercado, la cambia por otra. El Mercado desatiende los privilegios y genera oportunidades. El Mercado nos beneficia a todos, siempre y cuando cualquiera pueda llegar a ser rico y que los sueldos de los más pobres sean mayores a los sueldos de una economía planificada o sin Mercado, tal y como intentó desarrollar sin existo Lange y demás economistas marxistas. 

Para Braun, las fluctuaciones macroeconómicas no son producto del Mercado, sino de las instituciones, sistemas bancarios y políticas inadecuadas. Braun defiende que el intervencionismo seguido del crack del 29, el New Deal desarrollado por el gobierno de F. D.  Roosevelt, echó al traste los presupuestos equilibrados, aumentó en exceso el tamaño del Estado y se pasó de la "objetividad" del patrón oro al sistema monetario fiduciario, con bancos centrales que imprimen dinero sin fin. Con esto, surge el fenómeno de la estanflación, es decir, el conjunto del estancamiento económico y una excesiva inflación, llegando a su máxima expresión en la crisis del petróleo de 1973, llevando, según Braun, por delante los últimos mecanismos sensatos de control económico.

Braun sostiene una clara postura paleoliberal o clásica, defendiendo el respaldo del dinero por medio del oro y la reducción del Estado en materia económica, algo que se opone a las políticas fiscales neokeynesianas y las políticas monetarias de algunos neoliberales como Friedman. Sin embargo, esta postura es insostenible y un profundo anacronismo para los tiempos que corren, pues los avances tecnológicos, industriales y financieros suministrados por la revolución digital de los últimos años, hace imposible que se puede respaldar de forma eficiente todo el capital monetario por medio del oro, la plata u otro metal precioso. De hecho, el valor de una moneda no se determina por la cantidad de oro o plata que supuestamente los respalda, sino por la confianza subjetiva que le dan las personas que utilizan dicha moneda, siendo esto por lo cual el bolívar venezolano no valga absolutamente nada por que nadie le da valor debido a su nula confianza. La moneda es un monopolio público, la Banca es un sector privilegiado, debido a su poder de expansión, y contralado, debido a la intervención de poderosos bancos centrales. 

La postura que mantiene Braun respecto al sistema económica actual, a pesar de ser muy valiosa, es inexacta, pues la Escuela de Estocolmo, representado por el economista y sociólogo Gunnar Myrdal, han desarrollado todo un sistema económico intervencionista compatible con el libre mercado, siendo la base del actual Estado de Bienestar que disfrutan los países nórdicos. Este se basa en parte en doctrinas similares a las de Keynes, pero afirmando que debe de vigilarse un presupuesto estatal equilibrado, basado en una parcial planificación económica por parte del Estado, pero sin perjudicar la sector privado, a base de un sistema de impuestos racionalizado, simple, constante, no confiscatorio. Por último, dicha doctrina comparte la idea liberal de que una de las bases del crecimiento económico es el ahorro, pues un excesivo consumismo conlleva a una desproporcionada deuda pública de que perjudica a la larga a las familias y sus propiedades.  

El Mercado como una libertad entre otras

Braun defiende que el Mercado no es una entidad divina perfecta, sino un sector más de las relaciones humanas, la cual presenta errores, ambigüedades y fenómenos inexplicables al igual que el resto de ramas del saber humano. No obstante, estas limitaciones del mercado han sido usadas por el intervencionismo, tanto de derechas como de izquierdas, para recortar libertades económicas con fines políticos. Braun critica a "la nueva izquierda" con que esta tiene una aversión irracional al libre mercado y a la propiedad privada, además de una falta de moderación fiscal. La libertad puede traer desigualdad y riqueza, pero sin ella solo hay pobreza y miseria. 

Crítica al Estado

Braun defiende que el excesivo tamaño e influencia del Estado perjudica al Mercado y a sus usuarios, los ciudadanos. Braun critica el argumento de que el Estado, como poder coercitivo, naciera del acuerdo voluntario de los hombres para no matarse entre ellos, tal y como expone Hobbes en su Leviatán, pues si fueron capaces de formar el Estado de forma pacífica, podrían haberlo hecho de otra forma pacífica sin recurrir al Estado, no siendo este el único contrato social posible. Es así que el Estado, a nivel teórico, debe de garantiza seguridad física ante los delincuentes y enemigos foráneos e internos, garantizar la libertad para no tener que inmiscuirse en la vida privada ni en la propiedad. Y por último, justicia, darle lo que es de uno a uno. 

Sin embargo, el Estado actual es muy diferente al que plantea Braun, siendo que el Estado debe de garantizar, además de la seguridad física, educación, sanidad, retiro. El Estado orienta la propiedad privada a un óptimo social. A demás, la justicia pasa a ser lo que uno tiene a lo que uno merece. 

Braun argumental que el Estado ha sido reforzado con el surgir de la "democracia occidental", siendo que todo lo que salga del Estado es el consenso de todos, cuando este a arrebatado libertades a los individuos con el objetivo de acomodarse en el poder. El Estado ha pasado de ser la gran solución política, el gran problema de nuestro tiempo. Con la incorporación del Estado de bienestar, el equilibrio armónico anterior se rompe y existe multitud de Derechos sin responsabilidades, cosa que aumenta el poder del Estado, repercute negativamente en las libertades de otro y discrimina entre ciudadanos. 

Estado Democrático o Benefactor 

Según Braun, el Estado clásico se focaliza en evitar el daño a las individuos y su propiedad, mientras que el Estado actual velar por el bienestar de los individuos, siendo el primero una entidad administrativa controlado, mientras que el segundo es expansivo, justificando dicha expansión con el objetivo de alcanzar el bienestar. Con la creciente intervención del Estado y la complejidad ascendente de esta, el ejecutivo ha ido adquiriendo más poder, fagocitando al poder legislativo y extendiendo sus tentáculos lentamente al judicial, destruyéndose la separación de poderes indispensable para el Estado de Derecho, tal y como expone Montesquieu en su tratado El espíritu de las leyes. 

La democracia pasa de controlar el poder, a ser una excusa para extenderlo, en pos de conseguir la dudosa "justicia social", pero, quién dice que algo es justo socialmente. Los políticos, por supuesto. En una sociedad ética y moralmente sana, el Estado está contenido, ya que los ciudadanos se preocupan por sus derechos, los cuales conllevan responsabilidades. En la actualidad, las personas piden cada vez más derechos, y menos responsabilidades, por tanto, se sustituye el civismo por el estatismo, más Estado, conlleva menos moral personal (más ayudas, menos impuestos). "El poder económico es el deseable control sobre las cosas y el poder político es el indeseable control sobre las personas". La globalización no es un peligro por el cual los súbditos de las políticos deben de darle más poder para que los salve de ella; sino una oportunidad de enriquecernos libremente todos. 

Gasto Público, Impuestos y Deuda Pública 

Con la Expansión del Estado y su "misión", de solucionar la desigualdad, aumentar excesivamente el gasto público aumenta excesivamente el gasto público, lo cual no se traduce en beneficios a la ciudadanía. Gastar más en educación, es gastar más en educadoras, lo cual puede gastar más en educadores, lo cual puede o no beneficiar a los alumnos. Al universalizar la educación, esto genera un superproducción de alumnos universitarios, superando la demanda de los sectores que los deberían absorber, encareciéndose el valor de los títulos universitarios debido a la inflación. Al no poder ser absorbidos por el sector privado, esto hace que recurran al sector público y se conviertan en funcionarios, aumentando más y más el gasto público. Con el objetivo de llegar a la "justica social", los políticos recurren a los impuestos a las rentas más altas para distribuirla en las clases más bajas. 

Al aumentar los impuestos y subir los salarios, el precio de los trabajadores aumenta artificialmente, siendo muy costosos de mantener, haciendo que muchos empleados sean despedidos y pasen a ser parados. Esto hace que deban ser subvencionados por el Estado, eliminando su motivación para volver a trabajar en muchos casos, teniendo que aumentar el gasto público para garantizar dichas subvenciones, creando un mayor déficit público, y al no poder recurrir a medidas monetarias inflacionistas, los gobiernos vuelven a subir los impuestos con el fin de pagar la deuda pública, empezando de nuevo el ciclo de gasto público y generando más paro y deuda. 

Consideraciones finales 

En España presenciamos un resurgir del pensamiento liberal como reacción al fracaso de las políticas keynesianas defendidas por el Partido Socialista Obrero Español, la corrupción del centro derecha y los delirios suicidadas de la Nueva Izquierda encarnados en los desvaríos y utopismos de Unidas Podemos. El intervencionismo económico en España ha resultado ser un desastre desde la llegada del S. XXI, elevando el gasto público de forma desorbitada, manteniendo monopolios y empresas estatales ruinosas como Renfe o Correos, y esquilando al sector privado con impuestos confiscatorios que en muchos casos no se redirigen a la mejora del sector público, sino a su gasto irresponsable en obras públicas como monumentos, actos culturales de dudosa utilidad o asociaciones sociales improductivas, o lo que es peor, en contentar a una serie de grandes corporaciones empresariales, que defendiendo el capitalismo, lo destruyen atacando a su principal pilar, la libre competencia. 

Este brote de liberalismo económico y político puede ser bastante sano para nuestra sociedad, pero creo que algunos de sus acólitos demonizan demasiado al Estado en algunos aspectos y pueden degenerar rápidamente en el fanatismo y el dogmatismo, la gran enfermedad que carcome la política de nuestro país. Braun y demás liberales hacen bien al fomentar la lectura entre nuestros jóvenes los textos de Smith, Von Mises o Hayek entre otros, pero en estos jóvenes, antes de cualquier teoría o doctrina política-económica, debe primero cultivarse la prudencia, el civismo y la concordia. 

miércoles, 24 de febrero de 2021

El primer Principio de Duns Escoto

 La doctrina de Juan Duns Escoto se enmarca dentro de la escolástica medieval, tomando partido por un realismo moderado metafísico contrapuesto al nominalismo de la escuela de Occam. Escoto, en su Tratado del primer principio, pretende establecer un sistema racional que demuestra la existencia de Dios y sirva de fundamento a toda teología posible, enfocando su principio en el concepto de causalidad, siendo que Dios no tiene causa alguna (ni si quiera sí mismo), sino que es la causa número y última de todo aquello que no es contradictorio. Siguiendo y ampliando a Anselmo, Escoto afirma que Dios es, al ser pensado, lo más grande que puede ser pensado, lo más grande que puede ser pensado y no entre en contradicción consigo mismo. 

Las reflexiones de Escoto, a pesar de su rechazo al tomismo, parte del concepto de causalidad de la tradición aristotélico, siendo fácil de probar la existencia del Primer Motor, pero Escoto no busca una descripción física o mecánica, sino una explicación metafísica del por qué de Dios como Primer Motor. Esta explicación es totalmente necesaria, pues sin la existencia de Dios como causa primera, según Escoto, pues sin esta causa primera, no puede explicarse la causa de las demás cosas, derrumbándose la realidad y todo conocimiento posible. 

Para Escoto, al igual que Kant, el conocimiento parte de las cosas que captan nuestros sentidos (Aristóteles), pero esta va más allá, captando las esencias de las cosas, los universales independientes a todo particular e idea, teniendo como fin la esencia divina por medio de una intuición intelectual de Dios, la cual toma forma en el cristianismo como revelación de la Santa Trinidad, esencia de la Divinidad Suprema. Esta revelación se da por voluntad de Dios, pues este quiere que su esencia sea inteligente, lo cual se explicita en la Trinidad, donde las tres personas: Padre, Hijo y Espíritu, son distintas entre sí, pero comparten la misma sustancia o esencia divina, Dios. 

Los universales 

Escoto se aproxima al realismo moderado de Tomas de Aquino, ya que argumenta que los universales producto de nuestro intelecto, teniendo base en las esencias propias de las cosas. Ahora bien, Escoto enfatiza más que Tomás en el papel de la forma que en la materia. Para Escoto, hay tres tipos de universales, los físicos, metafísicos y los logicos. Estos universales, que representan la realidad común de los seres, tienen menor entidad que los particulares, a los cuales se le añade la singularidad.

Epistemología escotista 

Para Escoto, el conocimiento tiene su primer inicio en las cosas que nos comunica nuestros sentidos. Sin embargo, esto solo es el principio, ya que el ser humano basa su conocimiento fundamentalmente en juicios metafísicos, los cuales, según él, indican la causa y la relación de las esencias de las que participan las cosas particulares. No obstante, Escoto argumenta que la demostración de Dios debe de ser a posteriori, ya que Dios no tiene causa alguna, sino efectos de las cuales es su causa, pro tanto, debemos observar los efectos, es decir, las esencias reales para llegar al conocimiento de Dios, oponiéndose al argumento ontológico (mejorándolo según algunos) de Anselmo (el cual es a priori) y centrándose en argumentos cosmológicos (Aristóteles y Leibniz) y físico-teológicos (teleológicos) propios de los mecanicistas deístas franceses como Diderot o Voltaire. Estos argumentos son refutados por Kant en su Crítica a la Razón Pura, donde argumenta que estas pruebas de la existencia de Dios parte del uso ilícito de categorías solo aplicables a la experiencia, como es la causalidad, aunque esta noción de categorías vacías sea errónea. 

Volviendo a Escoto, este intentará demostrar la existencia de Dios, por medio de la causalidad y de la relación entre las esencias, siendo que sin Dios, estas se desmoronan por si solas, teniendo que ser Dios y estas relaciones entra las esencias necesarias y no contingentes, siendo un preludio a la Ética de Spinoza y su determinismo panteísta. 

Primer Principio 

El Primer Principio que expone Escoto es que Dios es el Ser Absoluto, es decir, causa del ser de todo aquello que es causa del ser del ente, tal como dice Dios a Moisés: "Yo soy el que soy". A raíz de este principio, Escoto llega a la existencia de Dios por medio de los cuatro tipos de causalidad que expone Aristóteles en su Metafísica, llegando a concluir que Dios es el Ser de toda causa, es decir, Dios no tiene causa, sino que es causa de todo. 

Los tipos de causa expuestas por Aristóteles son: 

a) Causa material: el cambio o movimiento es producto de la materia del que se compone. 

b) Causa formal: el movimiento es producto de la forma impuesta a un cuerpo. 

c) Causa eficiente: el cambio es producto de una causa exterior al efecto. 

d) Causa final: el cambio es debido a un propósito (teleología). 

Una de las primeras conclusiones a la que llega Escota es que el orden esencial o ser de las cosas reales no puede depender de sí mismo, sino que viene dado por una causa, siendo la causa primera que solo dependiera de las esencias mínimas, no habrían cadenas casuales, siendo algo imposible para nuestro conocimiento. A su vez, Escoto argumenta que las cadenas causales no pueden ser circulares, porque si algo es anterior a lo anterior, es anterior a lo posterior, siendo que lo posterior, por ser posterior, no puede ser anterior a lo anterior, siendo imposible cualquier círculo causal. 

Conclusiones de las Causas

1º) Lo que no es finito, no es efecto

Esta conclusión se entiende que toda causa finita es a su vez causa final, ya que el final o propósito determina la ejecución de la causa sobre el efecto. Con esto, Escoto afirma que todo efecto responde a un propósito o fin determinado. 

2º) Lo que no es efecto, no es finito

De aquí se entiende que aquello que no es producto de una causa eficiente, no tiene fin o propósito eficiente, no tiene fin o propósito alguno, ya que el fin es aquello amado por la causa eficiente en cuanto su efecto. No obstante, el fin no es causa de la causa eficiente, sino del efecto, siendo que un agente obra por un fin, no por su efecto, es decir, el fin de una mesa no es el fin del carpintero, sino el de usar la mesa, el efecto del carpintero como causa eficiente. 

3º) Lo que no es efecto, no es materiado 

La materia informa es pura potencia pasiva contradictoria, siendo que la forma es aquello que pone en acto a la materia. Esta forma es dada por una causa eficiente, que atiende a un propósito o fin, siendo que la materia concreta de la que se compone cualquier cosa, es decir, la causa material, es puesta en acto o forma por una causa eficiente, siendo que el efecto resultante responde a un fin o propósito determinado. 

4º) Lo que no es materiado, no es formado y viceversa 

Aquello que no es materiado, es decir, que es causado por la materia, no puede ser formado, ya que la forma es aquello que determina la materia como acto determinado. A su vez, lo no formado no es materiado, ya que la forma es lo que determina a la materia en acto concreto. Por tanto, y en sintonía con el hilomorfismo de Aristóteles, lo que no es efecto de causa formal y viceversa, ya que materia y forma están unidos. Siendo Dios incausado, carece de materia y forma, pues ambos son causados por lo materiado y lo formado como causa; siendo que Dios no tiene causa alguna, siendo inmaterial e infinito. 

5º) Lo que no es causado de causas extrínsecas, no es causado de causa intrínsecas 

Esto se deduce del hecho de que nada, salvo Dios, es causa de sí mismo, sino que recibe su ser en función de una causa exterior, por tanto, las causas extrínsecas son anteriores a las intrínsecas, pues estas últimas no son por sí solas, sino que dependen de causas extrínsecas. 

6º) Los cuarto géneros de causas se ordenan esencialmente en el causar mismo

Según afirma Escoto, existe un orden esencial en los cuatro géneros de causa, ya que la conjunción de estos cuatro géneros produce lo idéntico. Es así que Escoto ve que la causa final precede a la causa eficiente, clara muestra del carácter teleológico de su sistema; siendo también que la forma es la que precede a la materia, ya que esta última queda determinado en acto por la primera, mostrando su claro platonismo. 

Todo ente es efecto de un efectivo 

Esto es evidente debido a que, al tener todo ente un propósito, es decir, un fin, por tanto, al tener un fin, es un efecto de una causa eficiente, es decir, de un efectivo. Por tanto, todo ente, por ser un fin de una causa efectiva, es efecto de un efectivo. 

Sobre la naturaleza de Dios 

Siguiendo todos estos razonamientos, Escoto afirma que el primer efectivo, Dios, es incausado, porque es inefectible y efectivo independientemente. Por lo tanto, Dios no es efecto de ninguna causa, a su vez, es efectivo de todo lo demás, es decir, Causa Primera, ya que, al tener todo ente su causa en algo externo, solo es posible, según la metafísica aristotélica, aceptar la existencia de una Causa Primera incausable, pues los círculos causales no son posibles, y una cadena causal infinita es absurda. Es así que todo lo que es, es efecto del Primer Efectivo, siendo este independiente de toda efectibilidad, a saber, no tiene causa ninguna. 

El efectivo primero simplemente es un existente en acto, y alguna naturaleza que existe actualmente es efectiva de este modo. Para Escoto, al igual que Aristóteles, Dios es acto puro, pues es el Ser Supremo e Infinito que todo lo puede y convive. El Primer Motor Inmóvil aristotélico adquiere en el pensamiento de Escoto una dimensión plotiniana, pues Escoto realiza una síntesis entre el Uno de Plotino, y el Motor Inmóvil de Aristóteles, ya que Dios es el Ser Supremo e Infinito, trascendente a todo (Plotino), que es Causa Primera de todo lo que es (Aristóteles). 

A su vez, Dios, al ser incausado, su ser es necesariamente por sí mismo, ya que si su ser no fuese por sí, no sería incausado, ya que todo ente que no sea por sí mismo, es ente por una causa efectiva. Siendo que Dios es incausado, su ser no puede depender de ningún otro, por tanto, concluye Escoto, Dios es por sí mismo y por nada más. A su vez, el ser que es por ´si mismo debe de ser Uno o de naturaleza única (Plotino), pues si fuesen dos, ambas tendrían una naturaleza común, siendo una inferior a la otro, siendo imposible por su contradicción de ser en sí misma.

Todo ente, afirma Escoto, tiene algo finito, está destinado a un propósito o fin, ya que todo ente tiene de efectivo, siendo que toda causa eficiente es movida por una causa final. A su vez, Dios, por no ser efecto alguno, tampoco es fin alguno. Además, como Ser incausado, Dios es eficiente primero, y como todo eficiente responde a un fin que quiere, es por tanto finitivo primero e independiente, es decir, aquello causa eficiente que actúa (ya que es puro acto) sobre el Universo (pues Dios está fuera de él) con un fin determinado para este efecto que es el Universo. 

En el caso de las formas, Escoto, siguiendo a Aristóteles, afirma que las formas son como números, los cuales indican el grado de perfección, siendo Dios la Forma perfecta que da la forma a todo los demás, siendo Dios la suprema naturaleza, por tanto, incausado. 

Es así que Dios tiene una triple condición; como primer eficiente, el cual es el más actual porque contiene toda la posible actualidad. Como primer fin, siendo este el mejor , ya que contiene toda la bondad. Y como primer eminente, el cual es el más perfecto, ya que contiene de modo eminente toda perfección posible. Es Dios el único Primero y todo lo que es distinto de él, es posterior a él, tal como declara Escoto al tratar del triple orden. Siendo Dios el Primer Ente, este es simple, infinito e inteligente. Escoto razona que, debido a que Dios es incausado y primero, este es en sí simple, siendo intrínseco a su naturaleza, y por tanto, en grado máximo. A esto se le suma que la simple perfección, aquella cuya existencia en cualquier ser es mejor que su no existencia, pertenece necesariamente a la Naturaleza Suprema en un grado también supremo. 

Argumento Físico-Teológico de Escoto 

Escoto afirma que el Primer Principio es inteligibles y tiene voluntad, ya que es al ser el Primer Eficiente. Este actúa por fin, siendo que para actuar por un fin como Eficiente incausado, debe ser inteligible y volitivo. Además, el fin por el que actúa es su misma naturaleza, ya que si fuese cosa distinta, no tendría voluntad propia. Al ser volitivo, todo lo que causa ser contingente, pues si fuese necesario estaría determinado por una causa, es decir, sería causa necesaria de sí misma, cosa que es imposible por su naturaleza volitiva. 

Esta concepción de lo contingente descansa en la crítica que realiza Agustín de Hipona al neoplatonismo de Plotino, pues este último afirmaba que el Uno, es decir, Dios, produce las Ideas y el Alma por emanación de sí mismo, cosa que según Agustín, lo deja como un ser frío y sin voluntad, siendo que Dios produce las Ideas y Almas no por necesidad, sino por amor y libertad, ya que es un ser provisto de inteligencia y voluntad. Además, a este argumento físico-teleológico se le añade uno ontológico, pues Escoto afirma que al ser Dios la suma perfección, este debe poseer la inteligencia perfecta y la voluntad perfecta. Por otra parte, Escoto dicta que el observar que hay seres inteligentes y libres, nos da a entender que un Ser más perfecto se los ha dado, haciendo una similitud con la filosofía tomista, y siendo un preludio a la teología cartesiana. 

Este tipo de argumentos será ferozmente criticado por la filosofía kantiana, ya que esta último afirma que estos argumentos descansan en un uso ilícito de categorías como la causalidad, que solo puede ser usados de forma correcta cuando se aplican a fenómenos de la experiencia, cosa que Dios no es ni por asomo. 

Infinitud y unidad de Dios 

Dios es infinito, ya que al no ser un ente material, este carece de forma, por tanto es infinito. Esto se demuestra, según Escoto, por el hecho de que la forma es la que determina a la materia. Si Dios no tiene materia alguna, no está determinado por forma alguna. Al no tener forma, Dios es indeterminado, por tanto, también infinito. 

Escoto termina su tratado con una defensa del monoteísmo y de la unidad de Dios, diciendo que, aunque existan multitud de dioses nominales, solo existe un Dios único en naturaleza, independientemente de que se lo niega o rechace por opinión. Escoto acaba con cinco proposiciones finales que según él afirma la unidad de Dios: 

a) Un intelecto infinito es solamente el único en número. 

b) Una voluntad infinita es única en número. 

c) Una potencia infinita es única en número. 

d) Un ser necesario es única e número. 

e) Solo hay una única bondad infinita. 

Comentario Final  

Cuando pensamos en la filosofía medieval, solemos imaginar una eterna disputa entre una tradición platónica-plotiniana, encarnada en Agustín de Hipona; y otra tradición de carácter aristotélica-averroísta, representada por Tomás de Aquino. Dos escuelas o tradiciones opuestas en lucha encarnizada, en oscuras disputas sobre metafísica y teología. Sin embargo, Juan Duns Escoto realiza una síntesis de estas dos escuelas en un sistema original y coherente, aunque equivocado, pues se sustenta en una entidad indemostrable, Dios. 


La escula Austria de economía y la pseudociencia de la praxología

 Una de las escuelas de pensamiento económica que se se ha puesto de moda entre muchos políticos, ideólogos y demás difamadores es la escuel...