martes, 27 de octubre de 2020

Comentarios a la Ética de Baruch Spinoza

 La Ética de Spinoza es su obra más representativa y acaba, siendo una pieza filosófica sumamente genial y original. A pesar de su nombre, esta obra es un tratado metafísico de corte racionalista que, por medio del método cartesiano, deduce todos los aspectos concernientes a la realidad ética partiendo no del yo cartesiano para deducir a Dios y el Mundo, sino que parte de Dios para deducir de este el Mundo y El Yo. La obra se divide en cinco partes:

Parte I: De Dios.

Spinoza define sustancia como aquello que es a causa de sí y que no depende de otro para ser. A su vez, Spinoza define como atributo las cualidades que tienen la esencia de la sustancia, como la extensión o el pensamiento, los cuales se muestran al entendimiento. Por otra parte, modo es la modificación de la esencia, la afección de un atributo, el ser para otro, el predicado de la sustancia.

Por medio del método geométrico, Spinoza concluye por diversos modos que solo existe una sustancia, Dios, la cual es infinita y absoluta, poseyendo infinitos atributos. Esto se debe a que una sustancia, para ser sustancia, debe de ser totalmente independiente. Si hubiera dos o más sustancias, estas se limitarían entre sí, pues para ser sustancias separadas deben de tener atributos y naturalezas distintos. Si esto fuese así, estas sustancias se limitarán entre sí, y no serían sustancias. Por tanto, se sigue que solo hay una sustancia, además infinita y con incontables atributos. Es infinita porque si fuese finita estaría limitada por otra de la misma naturaleza, cosa que es incompatible con lo anterior. Por tanto, se concluye que Dios es sustancia infinita y única, y que el alma y el cuerpo son manifestaciones de los atributos del pensamiento y la extensión respectivamente, entre los infinitos atributos.

Spinoza defiende que, ante la naturaleza necesaria de Dios, todo lo que existe es en Dios, pues nada que no sea Dios existe a causa de sí, ya que todo es afección de los atributos de la única sustancia, Dios. Por tanto, Spinoza identifica a Dios con la Naturaleza, ya que todo es en Dios o todo es Dios, pues este, a ser sustancia que aporta existencia y esencia a todo, es inmanente. Esta naturaleza es llamada por Spinoza Naturaleza Naturante o creadora, mientras que las afecciones de sus atributos son dependientes de Dios. A esto Spinoza lo llama Natura Naturata.

Por tanto, Spinoza, por medio del método cartesiano, llega al absoluto panteísmo y rechaza toda causa final como mero delirio de la imaginación humana, ya que Dios es y da ser no por finalidad, sino por su propia naturaleza, la cual es necesaria, rechazando todo teleologísmo y teísmo posible. Debido a su naturaleza, Dios carece de libertad humana, pues la libertad de albedrío implicaría elegir algo de lo que se quiere o desea, por tanto, no algo que no se tiene, algo incompatible con Dios ya que es infinito. No obstante, Dios el libre de coacción, ya que nada exterior a él (pues todo es él) influye o coarta sobre él, salvo su propia naturaleza, que es en sí mismo.

Parte II: Naturaleza y origen del Alma.

Tras aclarar la esencia de Dios, Spinoza pasa a deducir las cualidades del alma y el cuerpo, las cuales son afecciones de los atributos de Dios, siendo que un cuerpo es una cosa extensa y el alma una cosa que piensa, que forma conceptos. Los conceptos son ideas del alma, acciones sobre objetos del alma, acciones sobre el objeto del que se piensa. Nuestro autor declara a partir de sus axiomas y definiciones que las cosas singulares son aquellas que son finitas y de existencia limitada, manifestaciones de la verdadera realidad, la perfección, es decir, Dios.  A su vez, Spinoza afirma que la esencia de los hombres singulares no compete su existencia, pero la esencia del hombre compete que piensa.

Los cuerpos son afectados por muchas cosas, al igual que el alma está afectada por el deseo o el amor, pero siempre prevaleciendo las propias ideas. Se concluye que las únicas cosas singulares de las que tenemos percepción y conciencia son los cuerpos singulares y de los modos de pensar, debido a la propia constitución del hombre, conjunción de cuerpo y pensamiento.

Por otra parte, Spinoza argumenta que los modos de un atributo están afectados por otros modos del mismo atributo y así hasta el infinito. De esto se infiere que las cosas y las esencias de estas existen no por infinitud de Dios, sino por la cadena causal infinita que realizan los modos de cada atributo, no mezclándose entre sí. Es así que Dios es extenso y pensante, causa necesaria de todos sus modos y afecciones, teniendo idea de su propia esencia, pues contiene todas las infinitas ideas del pensamiento.

Al tener los modos o afecciones como causa otros modos o afecciones del mismo atributo, una cosa no puede tener como causa una idea o pensamiento, y una idea o pensamiento no puede tener como causa una cosa, ya que no pertenecen al mismo atributo. Ante esto, Spinoza comenta que las conexiones de las ideas son las mismas que las conexiones de las cosas, pero no al modo del paralelismo psico-físico de Leibniz, sino que ambos órdenes so manifestaciones de los atributos de la sustancia única e infinita, Dios.

Toda idea tiene como objeto una cosa, siendo que el objeto propio del alma es un cuerpo. Con esto Spinoza niega todo dualismo, siendo alma y cuerpo un uno indisociable. A continuación, Spinoza expone los fundamentos de la física o extensión para comprender el alma humana, pues el objeto de esta es el cuerpo, y siendo este extenso, está inscrito a las leyes físicas.

Según la física de Spinoza, la cual es un calco de la cartesiana, todo cuerpo simple está en reposo o en movimiento. Si está en reposo en movimiento, se moverá más rápidamente o más lentamente. Es así como los cuerpos se distinguen entre sí por el movimiento: el reposo, la rapidez y la lentitud y no por la sustancia. Por otra parte, un cuerpo está en movimiento o en reposo no por sí mismo, sino por acción de otro cuerpo en movimiento o en reposo, así hasta el infinito. Además, un cuerpo pasa de estar en reposo a estar en movimiento o viceversa no por sí mismo, sino por acción de otro cuerpo y así hasta el infinito.

La agregación o concatenación de cuerpos simples se le llama cuerpo compuesto. Dichos compuestos no dependen en su naturaleza de la sustancia, sino de cómo se conforma por cuerpos más simples, siendo que, si se cambiarán cuerpos simples de su constitución por otros de igual naturaleza, no cambiaría en esencia. Spinoza distingue tres tipos de cuerpos: duros (de superficie grandes y compactas), blandos (de superficie pequeña) y fluidos (sus partes se mueven entre sí).

Por otra parte, Spinoza afirma que puede haber compuestos conformados por otros compuestos y así hasta el infinito, siendo Dios la unidad de infinitos variantes. Para Spinoza, el cuerpo humano es compuesto por muchísimos cuerpos, tanto fluidos (sangre, semen, bilis, etc.) blandos (grasa, piel, carne, etc.) como duros (huesos), pudiendo ser afectados por otros cuerpos de múltiples maneras. Es así que, para mantener su constitución, el cuerpo humano necesita de otros cuerpos para regenerarse.

Siendo el cuerpo el objeto de la idea de alma, esta percibirá todas las afecciones del cuerpo como ideas que tienen como objeto dichas afecciones, siendo que estas ideas se componen por la idea de cuerpo y la idea de la cosa externa que afecta al cuerpo. La memoria es el recuerdo de las concatenaciones de las ideas de las afecciones del cuerpo, siendo distintas a las concatenaciones del entendimiento.

El alma humana solo percibe su objeto, es decir, el cuerpo, por medio de las ideas de las afecciones del cuerpo, al contrario que Dios, que dispone de la idea del alma en su entendimiento. A su vez, la idea de alma es aquella que tiene por esta como objeto el cuerpo. A esto lo llama consciencia y no conocimiento como haría Descartes. Según Spinoza, hay tres tipos de conocimiento, a saber: la Imaginación (experiencia sensible, conocimiento vago), la Razón (depuración del intelecto de la imaginación) y la Ciencia Intuitiva (relación de los atributos con la esencia de las cosas).

Parte III: Origen y Naturaleza de los afectos

Aclarada la segunda parte, Spinoza pasa a explicar la naturaleza de los afectos humanos siguiendo el método geométrico cartesiano. Empieza con la definición de causa adecuada, la cual es aquella que su efecto es claro y evidente. Por tanto, una afección es una causa adecuada de nuestro cuerpo que produce un efecto claro y evidente en nosotros mismos o en cosas exteriores. Mientras que una pasión es una causa parcial que parece muestro cuerpo de sí mismo o de otra cosa exterior en él.

Es así que un afecto es una afección que puede aumentar o disminuir la potencia de nuestro cuerpo, siendo que puede ser afecto de múltiples maneras. La libertad, según Spinoza, sería el ser consciente de las acciones de uno, pero ignorar las causas que motivan a esas acciones (determinismo). En uno cosa singular, no pueden coexistir afectos contrarios, pues estos los destruiría y toda cosa, en su esencia, pretende preservar su ser, siendo que la destrucción de esta solo puede venir de otra cosa externa. Es así que las acciones del alma son aquellas en las que se vislumbra con claridad y evidencia sus causas, mientras las pasiones son aquellos de las que se ignoran sus causas de forma evidente, sino confusamente.

“Puesto que las afecciones resultan de la composición entre vectores de potencia, y esos vectores son de continúo modificado por el ser en el tiempo de todas las cosas”, Proposición LI parte III.

Definición general de Afecto

“Un afecto, que es llamado pasión del ánimo, es una idea confusa, en cuya virtud el alma afirma de su cuerpo o de alguna de sus partes una fuerza de existir mayor o menor que antes, y en cuya virtud, una vez dad esa idea, el alma es determinada a pensar tal cosa más bien que tal obra” Parta III final.

Parte IV: De la servidumbre humana

Para Spinoza, el hombre es esclavo de sus afectos en cuanto es consciente de sus afectos en cuanto es cuanto es consciente de sus apetitos, pero ignora sus causas. Lo bueno, es aquello que nos es útil para acercarnos al modelo ideal de hombre que nos hemos propuestos. Por tanto, según el razonamiento spinoziano no el bien y el mal no son entidades positivas de las cosas, sino modas de pensar al comprar ideas entre sí.

Las pasiones humanas son afectos del pensamiento que tienen por objeto cosas internas o externas, donde los hombres buscan placer para aumentar la potencia del alma. Cuando los afectos no son controlados el hombre se vuelve esclavo de sus pasiones, alejándose de la virtud, el seguir la necesidad de la naturaleza humana.

Con la razón como guía, el hombre es libre de la ignorancia de las causas de sus afecciones. Es pues el conocimiento de Dios, de sus atributos y sus afectos, hace que el hombre conozca su naturaleza necesaria y ver que todo aquello que nos afecta y que tenemos conciencia de ello que reside en Dios su causa necesaria, no por su esencia, sino por se el conjunto de las redes causales que componen la realidad (Dios).

Parte V: Del poder del entendimiento o la libertad humana

En esta última parte, Spinoza critica el conexionismo cartesiano y refuta el argumento de la glándula pineal como punto de conexión entre alma y cuerpo, ya que no hay conexiones a esta glándula de todo el cuerpo. Con esto, Spinoza determina que la libertad y la felicidad reside en el amor a Dios, es decir, el conocimiento por el tercer modo de las cosas singulares. Es así que la Ética empieza con Dios y acaba con la felicidad como el conocimiento de Dios, pues esta es conocer la naturaleza de las cosas en función no de su fin, sino de su necesidad natural. Conociendo claramente a Dios, a nosotros mismos y a las cosas, podemos ser libres de las pasiones y entender nuestros afectos por sus verdaderas causas.

Apéndices a la Política de Spinoza

La concepción política de Spinoza parte de su propia Ética y de sus experiencias personales en la Holanda del S. XVII. Este comparte similitudes con Maquiavelo, Hobbes, Locke y Rousseau.

En primer lugar, Spinoza afirma que el estado de naturaleza, es decir, aquel donde impera el derecho natural, no existe el bien o el mal, ni lo justo ni lo injusto, sino que cada uno vive acorde a sus necesidades naturales. En este estado, cada uno es monarca y siervo de y solo de sí mismo. Spinoza, al igual que Maquiavelo o Hobbes, niega la buena voluntad y la sabiduría del estado de naturaleza propia de concepciones idealistas y naturalistas ingenuas como las de Platón o Rousseau, ya que el hombre, según Spinoza, no tiene como esencia la sola razón, sino el deseo, el moverse a causa de las afecciones de su cuerpo. Es aquí que la razón y la libertad que proporciona esta consiste en ser consciente de nuestros propios afectos y de sus causas. Es así que el derecho natural equivale al poder someter las cosas o a los otros en función de nuestros afectos, teniendo estos como causa la preservación del propio ser, es decir, la autoconservación. En tal estado, y de acuerdo con Hobbes, Spinoza afirma que impera la guerra entre todos por la autoconservación.

No obstante, con el fin de conservarse a sí mismos, los hombres tienden a agruparse, transfiriendo su derecho natural a la multitud. Con esto, se forma el Estado, como agregado de una serie de individuos que se someten a una constitución común a todos ellos, y teniendo como fin último la conservación y protección de la libertad de cada uno de los individuos que participa del dicho Estado. Dicha concepción supone el punto intermedio entre el absolutismo de Hobbes y el liberalismo de Locke, pues al igual que el primero, Spinoza afirma la barbarie del Estado de naturaleza (al contrario que Rousseau), mientras que comparte con el segundo el carácter constitucional de Estado como organismo comunitario que garantiza la seguridad y la libertad de cada uno de sus integrantes. El Estado debe de abogar por la paz, entendiéndose a esta no como la ausencia de guerra, sino la obediencia a la Suprema Potestad a la que se somete cada individuo.

No obstante, Spinoza comparte con Hobbes que la relación existente entre Estados es igual a la de los hombres en el estado de naturaleza, en potestad y derecho de guerra y exterminio por el mero hecho de ser un Estado independiente, mientras que el acto de hacer la paz depende de los beligerantes. Debido a que no existe un poder mayor que el Estado (ya que el Papado y el Sacro Imperio prácticamente no tenían poder real por aquella época), los Estados se relacionan en una dinámica anárquica, siendo las alianzas acuerdos puntuales que pueden ser rotas en cualquier momento. Esta concepción del derecho internacional será critica por Kant en su tratado La Paz Perpetua, donde argumenta que los Estados, con el fin de llegar a la paz definitiva, deben de acordar una serie de reglas, derechos y deberes conjuntos, es decir, la formación de una Federación de Estados unificados que impide la guerra entre estos, ya que todos pertenecerían al propio Estado. Será esta doctrina la base del derecho internacional, materializándose en organismos supraestatales como la Unión Europea (UE) o la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Volviendo al Estado de Spinoza, este es una multitud de individuos que se somete a una Suprema Potestad dirigida por una Constitución común e inviolable. Para una correcta administración del Estado y alcanzar su supremo fin, no debe de atenderse a la racionalidad de sus integrantes, o de aquel o aquellos que tienen la Suprema Potestad, pues todos ellos son humanos y tienen como esencia no la razón, sino el deseo y sufren de afectos y pasiones, sino de la racionalidad de las leyes que regulan y armonizan a los hombres del Estado, sean ignorantes o sabios.

El Estado puede adoptar tres formas según esta doctrina, siendo la primera la Monarquía Constitucional, donde el poder legítimo es representado por el Rey, pero siempre limitado por la propia constitución que acuerda el colectivo, siendo un ejemplo de esta forma de gobierno la Corona de Aragón y sus fueros que limitan el poder del Rey. El segundo tipo el Estado Aristocrático, donde el poder reside en un grupo de individuos, pero no en todos. A su vez puede tomar dos formas: la centralizada, la cual se organiza en una república de pequeño tamaño, como las repúblicas italianas, en especial la veneciana; por otra parte, la aristocracia descentralizada adopta la forma de federación de ciudades o provincias, como puede ser Suiza o las Provincias Unidas (Holanda). Por último, y de forma inconclusa, Spinoza describe el último tipo de Estado como democrático, donde el poder reside en todos los individuos que conforman el estado, siendo un principio fundamental en la doctrina de la Democracia Directa de Rousseau y pilar de la Independencia Americana y la Revolución Francesa.

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