miércoles, 10 de febrero de 2021

Descartes como educador

 En su ensayo la rebelión de las masas, Ortega y Gasset escribió que Descartes es "el padre de Europa", pues este separó la filosofía y a la ciencia de la teología, pues estas se encontraban asfixiadas y atrofiadas por la esclavitud escolástica. Al separar la filosofía y la ciencia de la teología, Descartes le da a Europa su mayor logro, el pensamiento racional y crítico, que rápidamente se extenderá a todos las disciplinas, no solo especulativas y experimentales, sino también a las humanas, como la economía o la política. Es el cultivo de la ciencia y la filosofía no religiosa lo que ha catapultado a Europa, y después a Occidente, al progreso cultural, humano y técnico, dándole la llave para la conquista del resto del mundo. 

Volviendo al plano estrictamente filosófico, Descartes, siguiendo las palabras de Heine, es el fundador de toda la filosofía moderna, pues de su obra emana las dos grandes escuelas filosóficas de la Edad Moderna (cimientos de la nuestra Edad Contemporánea), es decir, el racionalismo, como continuación del cartesianismo, como el propio empirismo, reacción al propio Descartes. 

En Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania, Heine afirma que toda la filosofía entre Descartes y Kant asiste a la escuela cartesiana, siendo que autores como Spinoza, Leibniz o Wolf fomentan el aspecto idealista de dicha escuela, mientras que otros como Locke o Codillac fomentan el aspecto mecánico y materialista. Por tanto, Descartes supone la muerte de la escolástica y el nacimiento del espíritu occidental, del pensamiento racional y la ciencia, provocando de forma colateral, pero imparable, de la separación entre la Iglesia y el Estado en la Europa Occidental. 

Centrándonos en la filosofía cartesiana, esta puede dividirse en dos aspectos, los contenidos, expuestos en sus Meditaciones Metafísicas y en el libro primero de sus Principios de la Filosofía principalmente; y el método, el cual está tratado por autor en su Discurso del Método. Ambos aspectos de la obra del autor, estableciendo un sistema deductivo, innatista y dualista, donde se parte de la existencia del Yo, pasando por la de Dios, y seguidamente a la de las cosas del mundo. 

La res cogitan 

La metafísica cartesiana supuso toda una revolución filosófica con respecto a la filosofía justamente anterior a ella, la escolástica. Descartes rechaza toda la tradición que le precede, pues en vez de partir del Mundo, para demostrar la existencia del Alma y de Dios, sino que parte primero de la existencia del Alma para demostrar a Dios y el Mundo. 

Para ello, Descartes pone en duda la existencia de todo aquello que no sea verdadero de forma clara y distinta, es decir, evidente, pues de aquellos principios evidentes parten todas aquellas demostraciones que explican todo lo demás. Descartes esgrime su famoso método, la duda cartesiana y la deducción geométrica. Al aplicar esto, Descartes duda de todo aquello que damos por supuesto, como es la existencia de las cosas exteriores, pues estas pueden ser ilusiones creadas por nuestra mente como en los sueños. 

Es por ello que Descartes llega a la conclusión de que lo único de lo que no se puede dudar es de que se duda, es decir, del pensamiento, y como se piensa, se existe por tanto. Este es el famoso "cogito ergo sum", pienso luego existo, el gran logro de la metafísica cartesiana, pues este es un principio del que no se puede dudar, sino que es verdadero de forma evidente, es decir, es una intuición metafísica que sirve como base para todo conocimiento. Ahora bien, al estar seguros de que el yo existe, ¿de qué forma existe dicho yo? Claramente como cosa que piensa. 

El yo cartesiano es una sustancia que piensa, que duda, reflexiona y capta ideas. De estas ideas, hay algunas que Descartes afirma como ideas innatas, pues son ideas que están en mente sin recurrir a la experiencia. Entre estos, además de la existencia del propio yo, este tiene la idea de perfección, es decir, algo que es superior a sí mismo, ya que el yo entiende que si el duda, debe de haber alguien que no dude, sino que tenga evidencia intuitiva de toda verdad, es decir, que sea omniconsciente, a saber, Dios. El yo cartesiano, entendiendo como sustancia pensante distinta del cuerpo, es la base del dualismo filosófico moderno, el cual influye en diferentes autores y corrientes filosóficas de gran importancia. 

No obstante, dicha tesis es profundamente errónea, pues del cogito ergo sum no se deduce que el yo sea cosa pensante, ya que el pensamiento solo es garante de existencia, pero no de existencia exclusivamente pensante. Por otra parte, numerosos filósofos posteriores a Descartes critican su "sustancia pensante", tales como Locke, el cual afirma que el yo es solo el sustrato que sostiene a las sensaciones e ideas tal y como ocurre con la materia en las cosas. Siguiendo a Locke, Hume afirma que el yo no es más que una idea que utilizamos para ordenar unas sensaciones, pero de la cual no tenemos ninguna sensación directa, no habiendo motivos para afirmar su existencia, siendo el yo un mero haz de sensaciones. 

No obstante, la crítica más profunda al yo cartesiano es la que realiza Ryle, definiendo el dualismo cartesiano como un error de categorización, pues el pensamiento es tomado como sujeto, en vez de como acto del propio cuerpo, tal y como muestra su famosas metáfora del "fantasma dentro de la máquina". 

El problema fundamental del yo cartesiano, tal y como postulan Kant, Wittgenstein o Ryle, es que Descartes toma como sustancia algo que en realidad es una acción (Ryle) o un supuesto lógico (Kant, Wittgenstein) del que no puede extraerse conocimiento alguno, pues no se tiene sensación o experiencia concreta, sea directa o indirecta, del propio yo como realidad sustancial, sino que en el mejor de los casos es un supuesto lógico que sirve de base a todas nuestras sensaciones y pensamientos, pero no puede afirmarse su existencia independiente, y mucho menos inmortal y distinta del cuerpo. 

 La res divina (o Dios como sustancia) 

Volviendo a la metafísica cartesiana, Descartes, tras hallar un principio puramente verdadero, deduce la existencia de una sustancia separada del yo y absolutamente perfecto, es decir, Dios. Descartes llega a la existencia de Dios por medio del yo pensante de la siguiente manera:

El yo cartesiano, tras ver la evidencia de su existencia como cosa pensante, ve que sí mismo es imperfecto, pues duda de las cosas y de sus propias ideas. Al verse a sí mismo como un ser imperfecto, la sustancia pensante que es el yo entiende a su vez que hay algo más perfecto, es decir, tiene la idea de un ser perfecto diferente a sí mismo. Proseguidamente, Descartes afirma que esta idea de un ser perfecto solo puede venir de dicho ser perfecto, pues no puede venir de sí mismo, ya que es imperfecto, ni tampoco de otra cosa imperfecta, por el mismo motivo. Por tanto, Dios existe porque es la causa de la idea de ser perfecto que tiene el yo pensante. 

A este razonamiento, Descartes añade una adaptación del argumento ontológico de Anselmo de Canterbury, afirmando que al ser Dios perfecto, la existencia está incluida en dicha perfección, pues si le faltase a dicho ser perfecto la "cualidad o atributo" de la existencia, no sería perfecto, pues padecería de una cadencia, algo incompatible con la propia perfección de la que goza dicho Ser Supremo, Dios.

Recapitulando, Descartes demuestra la existencia de Dios por medio del razonamiento que la idea de perfección no puede ser producida por un ser imperfecto, siendo que esta idea de perfección viene dado por un ser perfecto, algo que expone profundamente en sus Meditaciones Metafísicas, en particular la tercera meditación. Por otro lado, al ser Dios un ser perfecto, la existencia está incluida en su esencia perfecta, pues si le faltase, no sería perfecto, tal y como expone en su quinta meditación. Por tanto, la demostración de la existencia de Dios de Descartes es de doble filo. Por un lado, se fundamenta en la causalidad, y por el otro, en un argumento ontológico. 

La demostración que da Descartes, a pesar de su legibilidad y clara exposición, es completamente errónea en ambos aspectos. 

Por un lado, el argumento causal que demuestra la existencia de Dios por medio de la idea de Dios que tiene el yo, es totalmente ilícito, pues la categoría de causalidad solo es aplicable a los fenómenos de la experiencia, pues la idea de causalidad surge en nuestra mente tras analizar bastas regularidad estadísticas de los objetos de la experiencia sensible, o por otro lado, de las concatenaciones y de la propia estructura de la mente. 

A su vez, el argumento ontológico que da Descartes, el cual es casi idéntico al de Anselmo, no es válido, pues presupone que la existencia es una cualidad de aquellos objetos que afirmamos que existen. Esto es radicalmente falso, pues la existencia no es una cualidad intrínseca, sino una categoría que aplicamos a los conceptos y objetos que se encuentran disponibles materialmente en determinada cantidad, es decir, la existencia indica qué cantidad de determinado objeto se encuentra disponible materialmente. 

Si la existencia fuese una cualidad, no podríamos hablar si quiera de las cosas que aseguramos que no existen, como un limón azul (natural) o una quimera, pues da existencia no sería una cualidad suya. No obstante, podemos pensar en estos objetos como objetos con determinadas características, pero afirmamos que son inexistentes porque implican alguna contradicción lógica (un círculo cuadrado) o por que no está disponible materialmente (un limón azul). 

En definitiva, la existencia es una categoría que aplicamos a las cosas que podemos experimentar y de las que tenemos cierta intuición de ser independientes a nosotros mismos, y en ningún modo una cualidad intrínseca de los propios objetos. Por esto mismo, el argumento ontológico de Descartes (y cualquiera en definitiva) descansa en una falta de compresión de los conceptos filosóficos utilizados, y de un uso indebido de la categoría "existencia", desmoronándose toda su demostración aparentemente sólida tras un breve, pero profundo, análisis de dichas categorías y conceptos. 

Sin embargo, la demostración cartesiana de Dios no acaba aquí, pues, tanto en la parte V de su Discurso del Método, como a lo largo de su voluminosa obra Principios de Filosofía, expone un primer esbozo de lo que posteriormente sería la argumentación deísta, propia de pensadores de la talla de Newton, Voltaire o Diderot, es decir, lo que Kant llamaría argumento físico-teológico. 

Este argumento, esgrimido por Descartes y otros, afirma que las regularidades y el orden que observamos  en la naturaleza, como la estructura del ala de un insecto o el fascinante y complejo sistema circulatorio humano es producto de una mente creadora que diseña dichas estructuras naturales, sean orgánicas o inorgánicas. 

Este argumento fue muy seductor para grandes pensadores, como Newton, el cual entendía que la ley de Gravitación Universal era el efecto de la actividad de Dios sobre la pasividad de la materia. Por otro lado, Carl Linneo, padre del taxonomía, argumentaba que la increíble complejidad y variedad de los seres vivos es producto de un diseño inteligente concebido por una mente creadora. 

No obstante, este argumento hace aguas por todas partes. Por un lado, este argumento tiene una inconsistencia teórica en su propio núcleo lógico, pues el diseño de una estructura no implica su creación, sino solo su planificación por una determinada mente. En este caso, tal y como lo expone Kant, este argumento no puede explicar si la materia es dependiente de dicho diseño, es decir, el argumento no puede explicar si la materia se sostiene a sí misma (es eterna e increada) o si es dependiente de una causa superior (es finita y creada). Lo único que puede explicar este argumento es que la forma de la materia es dad por un Diseñador o Demiurgo Supremo, pero en ningún caso de que dicho Demiurgo sea creador de la materia. Es así que este argumento solo explica el "diseño inteligente" y no la "creación inteligente", pero este punto cae por la experiencia empírica que ha proporcionado la ciencia moderna. 

La revolución científica del S.XIX y XX ha proporcionado diversas teorías en todos los campos que explica de forma más plausible y racional la causa de las estructuras que observamos en la naturaleza. En el caso de las entidades biológicas, la complejidad y variedad que observamos en esta se explica mejor y de forma más racional y parsimonia por medio de la selección natural propuesta por Darwin y Wallas, y entre otros campos. Es por ello que dicha variedad en los seres vivos queda explicada por la selección natural de las especies biológicas que se adaptan mejor diversidad de medios, sobreviviendo las especies que disponen de estructuras, órganos y comportamientos más adecuados para sobrevivir en el medio o ecosistema en el que vive, mientras que las que no disponen de lo anterior, son desplazadas, degeneran y consiguientemente se extinguen. 

Por otro lado, en el campo de la física, la misteriosa gravedad de Newton daba un origen divino, es explicada por la física relativista de Einstein, pues dicha fuerza de gravedad que atrae a los objetos entre sí, no es una fuerza, sino una distorsión o deformación del especio-tiempo causado por objetos másicos. 

La expulsión de Dios como causa del orden observado en la naturaleza no se limita a las ciencias naturales, sino también a las ciencias sociales o humanas, siendo que especialidades como la economía, la psicología, la sociología o la antropología ente otras, proporcionan explicaciones teóricas blindadas por la experiencia empírica (al menos de forma provisional), mucho más racional y plausible que recurrir a la existencia de Dios, llegando un punto donde Dios es defenestrado de todo nuestro conocimiento racional... 

La res extensa 

 Volviendo a Descartes, tras haber expuesto su demostración de la existencia de Dios, este pasa a demostrar la existencia de las cosas extensas. El argumento parte de Dios, siendo este infinito y bueno. Siendo bueno y a la vez causa de nuestra ideas, las ideas que nosotros tenemos de las cosas, siempre y cuando sean claras y evidentes, podemos estar seguros de dichas ideas, pues su claridad y evidencia tiene causa en Dios, y siendo este bueno, no nos engaña (genio maligno) por ser infinitamente bueno. 

La experiencia sensible es confusa y vaga, pero dicha oscuridad no puede partir de Dios, pues este no es engañador, sino que debe partir de un uso enorme de la sensibilidad y de la razón, tal y como expone Descartes en su sexta meditación metafísica. Por otra parte, Descartes ya puede separar el sueño de la vigilia, pues en el sueño la memoria es muy pobre y las ideas que surgen están totalmente descoordinadas. 

Esta argumentación es inconsistente, pues se fundamenta en la existencia de Dios como ser infinitamente bueno y creador, como hemos visto anteriormente, la existencia de Dios es muy problemática, impidiendo construir argumento alguno sobre cimientos tan pobres y débiles. 

La geometría como método de la filosofía y la ciencia

Tras haber repasado los fundamentos metafísicos de la filosofía cartesiana, cabe detenerse en su famoso método el cual adapto de la Geometría. El método cartesiano es puramente deductivo, pues parte de proposiciones evidentes y claras por sí mismas, lo que podemos llamar axiomas. Estos son proposiciones de las que no se puede dudar, a la vez que es absurdo intentar demostrar, pues son evidentes por sí mismas. 

Estos axiomas son obtenidos por Descartes mediante su duda metódica , dando por falso en una primera instancia todo aquello que presente un mínimo de duda, descartándose como falsa. Solo se aceptará como axioma aquella proposición que sea evidente y clara, sin duda posible alguna. Es entonces que Descartes llega a su famosa proposición cogito ergo sum, comenzando toda la metafísica anteriormente expuesta, teniendo como base dicho axioma. 

El método de Descartes, el cual será imitado por Spinoza, es estrictamente deductivo, pues parte de axiomas generales hacia lo más particular, es decir, parte del yo cartesiano como ente axiomático, pasando por Dios, como ente demostrando, hacia la existencia de las cosas extensas. Sin embargo, este método, aunque claro y sencillo, no es desarrollado con éxito por Descartes, pues como ya comentó Leibniz sobre la Ética de Spinoza, este cree demostrar algo de forma axiomática cuando no demuestra  realmente nada. Esto se debe a que el axioma en el que se funda todo el edificio cartesiano no es un axioma, sino un supuesto o prejuicio metafísico el cual ha sido expuesto anteriormente. 

Conclusión: Descartes como educador 

A pesar de que la filosofía de Descartes, como sistema metafísica y epistemológico, está totalmente obsoleta y superada, la obra de este pensador francés es puramente educativa, pues este separa o independiza la ciencia y la filosofía  de la teología dogmática. Esta separación de la fe supone el nacimiento de la filosofía racional y de la ciencia teórico-empírica, fundamentos del espíritu de Occidente, algo con lo que no hubiera podido llegar a su mayoría de edad y conquistar el resto del Mundo. 

Descartes, tal y como afirma Ortega y Gasset, es el padre de Europa , es aquel, como antaño Moisés, separo las aguas de la ignorancia y lleva al pueblo prometido, Occidente, hacia la tierra prometida, el Mundo entero. No obstante, el destino de Descartes, al igual que el de Moisés, no es llegar a la inmoral (y falsa) promesa de la Modernidad, sino asegurar su camino por los desiertos del dogmatismo religioso. 

martes, 9 de febrero de 2021

La durée y la intuición pura

 La filosofía de Henri Bergson es una de las más inclasificables que se han producido en la historia del pensamiento occidental, casi al mismo nivel que la Nietzsche. Bergson se alza contra el positivismo y el neokantianismo que imperaba a finales del S. XIX y principios del S.XX. De hecho, su filosofía no es más que el rescate de lo cualitativo de lo que el veía como la ilusión del tiempo reducido a la sucesión de objetos en el espacio. Bergson afirma que la esencia de las cosas no es un cúmulo de datos cuantitativos dados en un espacio analítico y geométrico, sino un fluir de estados de heterogéneos que forma parte de un todo absoluto simple captado por una intuición pura. Es así que Bergson diferencia entre dos clases de tiempo, uno continuo y fluido donde su unidad se basa en el propio cambio, lo que podíamos llamar "proceso", y un tiempo simbólico basado en la construcción teórica del espacio, donde cada estado es cuantificado y separado de forma analítica. 

Este tiempo matemático es el propio de la ciencia, donde se aíslan procesos y estados en función de modelos teóricos, algo que es muy útil a la hora de crear nuevos procesos tecnológicos, pero que no capta la esencia de las cosas tal y como son, como flujos de estados y procesos que cambian en dos posibles movimientos, el de descensión y ascensión. El primero es un proceso que puede ser muy rápido, tanto que el cambio y la afluencia de estos estados pasa ser tan pequeño que solo puede captarse una continuidad y homogeneidad, aquello que es propio a la materia. Por otro lado, y tal y como expone en su Evolución Creadora, el segundo movimiento es la ascensión, un flujo creador y vital que siempre se supera a sí mismo hasta alcanzar la Eternidad, el Universo visto como un todo absoluto. Estos extremos describen el camino por el que discurre la metafísica. 

La psicología intuitiva del yo

Esta metafísica intuitiva parte de la psicología del yo. Hasta el auge de la psicología experimental a la mano de Wundt (y James), la psicología pre-científica del yo se dividía en tres corrientes: 

a) La tradición racionalista: el yo es considerado como una entidad ontológica independiente, como una unidad que se sostiene a sí misma y es ajena al tiempo. 

b)La tradición empírica: el yo entendido como un mero nombre que se utiliza para agrupar un conjunto de sensaciones, un haz de sensaciones, pero que no es una entidad por sí misma. 

c) La tradición trascendental: el yo es entendido como un supuesto lógico subyacente a todos nuestras intuiciones, pensamientos y voliciones pero no se puede tener conocimiento positivo de este debido a que es anterior a toda experiencia. 

Bergson rechaza estas soluciones ante el problema de yo, pues entiende a este (y de forma muy cerca a James) que el yo es la experiencia intuitiva más vital, pues esta funde y mezcla todos las sensaciones en un continuo y heterogéneo fluir de estados por medio de la percepción, la memoria y la imaginación, es decir, el yo es entendido como una duración intuitiva que totaliza al resto de intuiciones en un mismo todo cambiante y creativo. 

El problema de la Nada 

Una de las grades cuestiones de la metafísica occidental es la cuestión, explicitada por Heidegger, ¿por qué el ente (ser) y no la nada? 

Muchos filósofos han intentado responder a la pregunta acerca de la Nada, desde Parménides y Platón, hasta Heidegger y Gadamer, pasando por Hegel. Sin embargo, Bergson desestima esta cuestión de forma tajante, pues la entiende como un pseudo-problema filosófico, pues dicho problema no está debidamente planteado. Bergson argumenta con lo siguiente: Cuando utilizamos la palabra "Nada", esta es entendida como ausencia de algo, sea una cosa o una configuración u orden. 

Cuando decimos que "no hay nada de agua", queremos decir que en un determinado espacio el agua esta ausente. Sin embargo, dicho espacio contiene multitud de elementos, cosas y organizaciones, pero que nosotros no encontramos útil o deseable, y por eso desechamos con el término de nada. Por tanto, el término nada es utilizado como la cara opuesto de las cosas u organizaciones que deseamos o vemos como útil. Es por ello que la nada, en el lenguaje que nosotros solemos utilizar se emplea para designar la ausencia de algo en un ámbito de la existencia, pero sin negar a los demás, sino desestimándola como no útil. 

Por esto mismo carece de sentido hablar de la Nada absoluta, pues esta ausencia de los todo existente, cunado dicho término se utiliza para discernir entre otras en función de la "utilidad". Esta concepción de la nada como un pseudo-concepto es muy similar a la de los filósofos analíticos como Russell, Wittgenstein o Ayer entre otros. Es así que la Nada es una idea ilusoria, un fantasma metafísico que asola al Ser. 

La diferencia como objeto de la intuición 

Según Bergson, hay dos maneras de entender los problemas filosóficos, desde el concepto y desde la diferencia. El primero consiste en reunir toda una diversidad de cualidades y cosas bajo un misma idea o concepto por medio de la abstracción, mientras que la segunda consiste en buscar la totalidad de la que emana cada una de estas cualidades. 

Bergson explica esta distinción mediante el ejemplo de la luz. Teniendo el espectro del arcoíris y cada uno de sus infinitos colores y variantes, podemos reunir a todos estos bajo el concepto abstracto de color, el cual elimina la esencia de cada uno de los colores para poder incorporarlos en este concepto. Por otro lado, si nos atenemos a la diferencia, esta consiste no en un concepto, sino en captar todos los colores en su totalidad original bajo la primordial luz blanca, donde cada color y totalidad original, pues cada color obtiene su cualidad esencial de la propia luz blanca. 

Ciencia y Filosofía 

En relación con la distinción entre el tiempo como espacio y el tiempo como "duración", Bergson entiende que la ciencia positiva trabaja con el primero, mientras que la Filosofía, más concretamente la Metafísica, trabaja con el segundo. 

Ahora bien, esto no significa que ambos saberes están totalmente aislados, sino que se completan el uno al otro, pues ambos saberes se tocan en lo que Bergson llama intuición, aquel momento donde el espíritu capta la fluidez y cambio de una totalidad concreta. Según Bergson, este es el momento común que une a la ciencia positiva y la metafísica, a hasta tal punto, que la moderna ciencia positiva exige una nueva metafísica, una metafísica que no atiende a conceptos abstractos, generales y vacíos; sino que vaya a las experiencias más simples para captar su esencia como totalidad, como duración, como fluir temporal. 

Es así que Bergson afirma que el objetivo de la metafísicas intuitiva es captar las magnitudes matemáticas como cualidades primigenias, entender lo concreto no como algo fijo e inmóvil sujeto a las leyes de la naturaleza, eso es objeto de la ciencia, sino captar lo concreto como totalidad simple y que dura en el tiempo, es decir, que fluye en él. Esto es lo que Bergson llama "absoluta", solo accesible por la  intuición a golpe de genio.  

Crítica a la metafísica platónica

Para Bergson la metafísica tradicional ha cometido el error fundamental de partir de lo inmóvil hacia lo móvil, cuando la movilidad, el devenir y el cambio so la esencia de las cosas, su durar o fluir en el tiempo, siendo lo inmóvil mero fotograma como resultado del análisis de lo realmente móvil. Es así que Bergson (asemejándose a Gadamer), achaca a la metafísica griega, en especial a Platón, el haber transmutado el ser del devenir, en el no-ser  que Platón caracteriza con lo mutable, siendo este falso por no ser eterno. 

Según la interpretación de Bergson de la metafísica platónica, las Ideas o Formas son el todo de la realidad inteligible, dado que todas en conjunto representan la armonía teórica del Ser, mientras que la realidad sensible es una y otra parte de este punto de dicha armonía. Es así que para obtener el cambio a partir de la inmutable de la Idea, debe de añadírsele lo que Bergson llama "cero metafísico", el no-ser platónico que separa el devenir de la eternidad, siendo que, con las palabras de Platón: "Dios, al no poder hacer eterno al mundo, le dio el tiempo, imagen móvil de la propia eternidad". 

Crítica de la Crítica 

Bergson ve en Kant, en especial en su Crítica a la Razón pura, una de las aportaciones más importantes al pensamiento filosófico. Según Bergson, el gran secreto de Kant es entender a la metafísica como una intuición intelectual, como una percepción o visión de la esencia de las cosas en sí. Es solo de este modo como la metafísica es posible, a partir de intuiciones y no por dialécticas. 

Ahora bien, Bergson achaca a Kant el error de considerar a la metafísica como imposible, pues Kant considera que para que sea posible, debe de componerse por percepciones que estén más allá del propio Tiempo (y del Espacio). Es así que Bergson afirma que Kant comete el mismo error que cometió Zenón de Elea, el considerar al tiempo y al movimiento como algo vacío de realidad ontológica, es decir, considerar al tiempo como una mera "idealidad", algo que es efecto de considerar al tiempo como manifestación o expresión del espacio. 

Según Bergson, Kant como el mismo error que los metafísicos a los que intenta refutar, pues considera que las verdaderas entidades metafísicas están fuera del tiempo y el cambio, es por ello que las llama "cosa en sí", sin darse cuenta, según Bergson, que toda intuición surge en el Tiempo, no como "tiempo espacial", sino como fluir cualitativo que da sentido a las cosas. 


jueves, 4 de febrero de 2021

Unidas Podemos, la crisis de la nueva izquierda y la guerra sucia de la derecha

La izquierda española ha sufrido multitud de cambios y transformaciones, tanto, que el propio Partido Socialista Obrero Español (PSOE), empezó como un partido obrero fundado por un marxista, Pablo Iglesias (1850-1925), el cual defendía la existencia de un partido proletario con representación en el Parlamento para llevar la lucha proletaria en el propio sistema democrático burgués. No obstante, el PSOE dista mucho de aquel pequeño partido marxista, siendo en la actualidad un partido de centro-izquierda que nada tiene que ver con el comunismo y la lucha proletaria, sino que se aproxima al ideal socialdemocrático de los partidos de izquierda europeos. Una situación parecida sufre Unidas Podemos (UP), el partido de Pablo Iglesias (el actual), pero más que un cambio ideológico en función de los contextos histórico-culturales, sufre una degeneración o desgaste ideológico que ha hecho pasar a un protopartido de masas de tendencia marxista, a un partido en caída libre encajonado en la

corrección política y los dogmas progresistas de la nueva izquierda estadounidense. Con otras palabras, UP ha pasado de forma abrupta de un partido de tendencias comunistas, a un partido degenerado con un conglomerado de tesis feministas, ecologistas y progresistas, pero que ha olvidado a su verdadero núcleo de votantes, la clase obrera. No obstante, una cuestión se nos presenta de forma súbita: ¿Qué es el comunismo y porqué los sectores de la derecha parecen obsesionados con incrustar esta etiqueta a UP? ¿Tendrán razón las derechas de nuestro país, o no es más que otra estrategia electoralista, una guerra sucia encaminada a la conquista del poder político? Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes.

Cuando la gente escucha hablar de comunismo, suelen pensar en regímenes como la Unión Soviética (URSS), Corea del Norte, la Cuba de Fidel Castro o China, incluso, algunos pensarán en el bando republicano de la Guerra Civil Española (1936-1939); no van mal encaminados, pues todos estos países fueron o siguen siendo comunistas, pero el comunismo no son solo estos países, sino que se extiende mucho más en la historia del pensamiento político. No obstante, podemos quedarnos con las ideas de sus dos más grandes pensadores, Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), ya que hacer una exposición del pensamiento comunista de forma exhaustiva sería tema de una tesis doctoral y no de un artículo… 

Estos dos pensadores, los cuales fueron amigos desde jóvenes hasta el final de sus días, realizaron sus trabajos políticos y económicos en una época muy distinta a la nuestra, la Europa del S. XIX. Tanto Marx como Engels fueron testigos de las contradicciones del sistema económico de la Revolución Industrial, donde los trabajadores de las fábricas y el campo, el proletariado y los campesinos, eran los medios de producción de toda la riqueza por medio de su trabajo, pero apenas recibían ganancia debido a los propietarios de estos medios de producción, los capitalistas burgueses, que absorbían casi toda la riqueza producida por medio de la plusvalía (porcentaje de beneficio). 

Ante esta situación, nuestros pensadores profetizaban el alzamiento de las clases obreras y la instauración de una dictadura del proletariado (Socialismo), donde los obreros pasarían a poseer los medios de producción y a reprimir a la clase capitalista burguesa, con el objetivo de eliminar progresivamente la propiedad privada y el Estado, al fin llegando el paraíso terrenal, el fin de la historia, llamado Comunismo. Esta visión de la historia y de su inevitable fin, se le llama materialismo histórico, el cual se sintetiza en la siguiente frase: “La historia de toda sociedad humana, hasta nuestros días, es una lucha de clases” Marx y Engels, el Manifiesto del Partido Comunista (1848).

Tal es la repercusión que tuvieron estas teorías políticas y económicas, que caló muy fuerte en multitud de movimientos obreros por toda Europa, Asia, y Suramérica a finales del S.XIX y el S.XX, que llevaron a acontecimientos históricos sin precedentes, como la Revolución Rusa (1917) o la Guerra Civil China (1927-1950) y otros muchos. Entre ellos, en nuestro país, algunos dirían que se encuentra Unidas Podemos.

El caso de Unidas Podemos es bastante curioso, a la vez que nos sirve de ejemplo de la deriva ideológica que ha sufrido la Izquierda política en los últimos años. El filósofo y revolucionario ruso Vladimir Lenin (1870-1924) expone en su libro La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo (1920) como numerosos movimientos europeos comunistas de principios de S.XX, se alejan de la ortodoxia materialista y dialéctica de los movimientos comunistas, para incluirse en el juego democrático burgués, intentando mejor las condiciones laborales en vez de aspirar al comunismo, o por otro lado, caen en el idealismo revolucionario utópico, característico de los movimientos anarquistas, hippies o undergrounds . 

Unidas Podemos sufre algo parecido, pues empezó como una plataforma política de masas gestada en el 15M, el cual venía a revolucionar tanto el juego parlamentario, como a introducir nuevas teorías políticas de tendencia comunista (como la nacionalización de muchos sectores como la electricidad o la Banca). Unidas Podemos resucita en España y Europa el método revolucionario, adaptado al juego parlamentario, pues introduce a un enorme sector de la izquierda marginado por el PSOE en el Parlamento en Europeo y posteriormente en Congreso de los Diputados. Tal fue la consternación que produjo la irrupción de UP, que los sectores de derechas pusieron en funcionamiento toda la maquinaria propagandística y electoral, incluso surge un nuevo partido de derechas, Ciudadanos (Cs), retoño de Caixabank, el cual no es más que un contrapunto a Unidas Podemos para no destruir la simetría ideológica del Parlamento. A raíz de esto, Unidas Podemos es dilapidado por los sectores de la derecha debido a sus conexiones con Irán y la Venezuela chavista. Desde este momento, comienza, de forma lenta pero progresiva la deriva ideológica de UP. 

Entre los ataques de la derecha, las ineptitudes de su administración, las reyertas internas y el latente caudillismo de Pablo Iglesias, hace que estalle una crisis sin precedentes en la corta pero intensa vida política de UP. Vista Alegre 2 (Febrero de 2017) supuso el punto de inflexión de UP, ya que los dos clanes internos de este partido se enfrentaron duramente. Un ala más flexible y crítica (que ya no está en el partido) representada por Iñigo Errejón, y la otra más vertical y rígida, dirigida por Pablo Iglesias. Tras la derrota de los errejonistas y su posterior abandono en pos de crear un nuevo partido, Más Madrid, la plataforma política de Manuela Carmena, la cual nace dentro de UP, pero que se desmarca posteriormente debido al creciente centralismo de la dirección de UP, este se embarca en una espiral de fracasos, polémicas, conflictos internos y degeneración ideológica, UP pasa a ser la punta de lanza de la “Nueva Izquierda” política en nuestro país, envenenada con un buenismo infantil y apestando a corrección política, siendo el autoproclamado representante del feminismo, el ecologismo y guardián del colectivo LGTBI, provocando su suicidio ideológico al olvidarse del verdadero colectivo al que se debe de dirigir la izquierda, la clase obrera y campesina. 

UP ha sufrido los mismo problemas que sufrió Hillary Clinton, que perdió las elecciones presidenciales de 2016 de Estados Unidos, pues la candidata demócrata, la cual representa la izquierda en EEU, se centró en los colectivos discriminados como la comunidad negra o el colectivo LGTBI, olvidándose del grueso de la población estadounidense y que más impulso tiene en la aritmética electoral, el obrero blanco heterosexual de la población rural que inunda una inmensa cantidad de los estados de este país, que ha sufrido los efectos de la descentralización económica, la globalización y el auge de las grandes supermetrópolis como New York o los Ángeles.

La izquierda en nuestro país ha perdido su esencia original, pues el PSOE se encasilla en el pensamiento socialdemócrata único (llegándose a contaminar por la corrección política), mientras que UP se obsesiona con inmolarse ideológicamente y atrofiarse poco a poco hasta su muerte técnica en el juego político.

El comunismo, a día de hoy, no tiene cabida en el plano político actual, debido a que ya no existe la clase proletaria y el campesinado es presa de la mercadotecnia agrícola. Las condiciones histórico-culturales han cambiado de tal forma, que ya no se puede hablar de comunismo o revolución proletaria, debido a que el proletariado, aquellos que encarnaban los medios de producción, han pasado a ser una clase consumista y dependiente del sistema capitalista actual, no queriendo derribar el sistema, sino hacerlo más amigable. Unidas Podemos pretendía asaltar los cielos nacionalizando la Banca, ahora se contenta con la Banca se pinte de morado y no emita CO2. ¿Cuántas más elecciones tendrá que perder Pablo Iglesias para ver el harakiri político que ha cometido con el doble filo de lo políticamente correcto?


Vox y el fascismo: La tergiversación de la “izquierda española” y la descomposición del bloque de derecha

 El concepto de fascismo es probablemente, después de los términos derecha e izquierda política, el más mal utilizado y explotado en la política española. Es de notar, que ante la irrupción de la fuerza política VOX en la vida política española, el supuesto sector de la izquierda, encabezado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos (UP) hallan tildado de neofascistas o franquistas a dicho partido. Estas acusaciones son dirigidas al aparente antiprogresismo y nacionalismo del partido de Santiago Abascal, pero habría que preguntarse lo siguiente: ¿hasta qué punto son licitas estas acusaciones, o por el contrario, no son más que instrumentos electorales con el fin de inventar un enemigo político con el que luchar y así catapultar al PSOE hasta el poder? ¿Es la izquierda tan pacífica y demócrata como se nos muestra, o también hacen guerra sucia? Antes de resolver estas preguntas, deberíamos hacernos otra: qué es el fascismo y como se desarrolla en la actualidad

No existe como tal una definición concisa y universal del fascismo debido a su enorme complejidad y dimensión sociológica, así que empezar por la definición que nos proporciona la Real Academia Española (RAE) se hace casi inevitable. La RAE define expresamente fascismo como un movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del siglo XX, y que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista. Esta definición puede resultar vaga y abstracta en algunos puntos, como en totalitarismo o en corporativismo, pues estos términos también pueden aplicarse a la dictadura comunista de Stalin o la De Fidel Castro en Cuba, pudiendo llegar a pesar que fascistas y comunistas son a grandes rasgos iguales. Sin embargo, esto es una falacia política, pues tal y como expresa la exsecretaria de Estado de EEU Madeleine Albright (2018), comunistas y fascistas se parecen en algunas cosas (totalitarismo, estatismo económico), pero difieren en otras muchas (materialismo e idealismo respectivamente). No obstante, a pesar de su vaguedad e imprecisión, la RAE acierta plenamente en una cosa, en que el fascismo surge en la Italia del siglo XX, algo de crucial importancia, pues es un contexto histórico-cultural más o menos concreto, algo fundamental a la hora de analizar los movimientos políticos. 

En su libro, El fascismo (2014), el historiador e hispanista texano Stanley G. Payne declara que no existe un fascismo genérico, pues ni en su propia cuna, la Italia de entreguerras, llegó a configurarse de forma totalmente definida, pero sí que admite que puede hablarse de un fascismo mínimo, es decir, una serie de características que conforman un tibio marco de referencia. Si algún movimiento o pensamiento político entrase dentro de este marco, podría sospecharse de la presencia de algún componente fascistoide. Estas características o requisitos mínimos se resumen en lo siguiente (Payne, 2014, El Fascismo):

 1) Autoritarismo nacionalista de partido único. 

2) Jefatura carismática. 

3) Una ideología propia, totalmente distinta del marxismo y el liberalismo. 

4) Sistema estatal autoritario y economía política corporativista. 

5) Principios filosóficos voluntarista e idealistas. 

Con las aclaraciones de Payne, las cuales son respaldadas por una inmensa recopilación de referencias, documentos y datos, podemos pasar a comprobar si VOX cumple los mínimos para poder ser catalogado como fascista (coloquialmente facha). En primer lugar, VOX defiende un nacionalismo muy acusado que hace pensar a muchos en el fascismo o en su versión española, el franquismo falangista. No obstante, a diferencia de los nacionalismo revolucionario de Mussolini o el nacionalismo cuasi-metafísico de Hitler, el nacionalismo de VOX es muy laxo, no distinguiéndose con otras fuerzas políticas como el Partido Popular (PP), Ciudadanos (Cs), La Liga Norte italiana o la Agrupación Nacional francesa, en el espectro derecho, o el populismo venezolano de Nicolás Maduro o la izquierda euroescéptica de Alexis Tsipras en Grecia, desde el plano de la izquierda. Por tanto, puede argumentarse que, o todos los movimientos anteriores son fascistas (cosa absurda, ya que muchos se consideran y son considerados como liberales o marxistas), o el nacionalismo de VOX no se corresponde con el propio de un movimiento fascista, más cercano a posturas regeneracionistas, propias de la derecha autoritaria.

 En segundo lugar, la jefatura carismática de VOX brilla por su ausencia, pues, a pesar de tener un peso importante en muchos gobiernos autónomos y tener una representación respetable en el Congreso de los Diputados, VOX no es un movimiento de masas que giran en torno a un líder único y mesiánico, sino que funciona más como un partido conservador más del juego parlamentario, teniendo un claro líder, Santiago Abascal, pero siendo inmensamente acompañado por otras figuras que llegan a ser incluso más radicales (sin llegar al carisma) que el propio Abascal, como es el caso de su número dos, Ortega Smith. En tercer lugar, la ideología de VOX no es totalmente nueva en la historia política española, y no tiene que ver con el franquismo, sino más con el conservadurismo, rama derechista del liberalismo, más parecido a las políticas de Cánovas, el cual proponía una regeneración del Estado español con el fin de recuperar el statu quo de la Monarquía isabelina, echada a perder con el sexenio revolucionario, algo muy parecido a lo que propone VOX, volver al estado anterior que cambio el progresismo. Es así que VOX, no tiene una ideología propia, sino que comparte ideología con otros partidos como el PP, el Partido Popular Europeo o el Partido Republicano en EEU.

En cuarto lugar, VOX no propone un sistema estatal y una política económica corporativista, sino que se acerca más al sistema centrista francés (establecido en su inicio por los radicales jacobinos, aclamados como la izquierda de la Revolución Francesa), como de un sistema económico liberal, ya que si uno examina sus programas electorales, comprueba con solo ver el índice que una de sus fuertes económicos es la reducción de impuestos, la liberalización del sector privado y la reducción del gasto público, algo talmente opuesto a los planes económicos estatistas de Mussolini, Hitler o Franco. Por quinto y último lugar, uno no encuentra principios filosóficos que fundamenten y respalden el nacionalismo y la economía de VOX, en su lugar, existe una clara tendencia centralista y regeneracionista (como indica su propio lema: Hacer España Grande otra Vez), propia de la derecha radical, que tiene como como objetivo mantener el statu quo y la reminiscencia del Imperio Español, en contra del progresismo y la globalización, algo que defienden tanto partidos de derecha como de izquierda, como es el caso de Marine Le Pen o de Alexis Tsipras, los cuales, desde perspectivas diferentes, llegan a conclusiones muy parecidas, como el populismo, el nacionalismo o el euroescepticismo en pos de recuperar la soberanía fiscal y monetaria con el fin de combatir la Globalización, tal y como apunta VOX. Para terminar, uno se muestra obligado en volver a repetir: VOX no es fascista, sino que es un partido derecha radical. 

Ante esto, muchos pensarán que ambas cosas son lo mismo, pero Payne, en el anterior libro citado, desmiente esto en el mismo segundo capítulo de su libro, diferenciado claramente entre fascismo, derecha radical y derecha autoritaria. Es así que las acusaciones lanzadas desde la izquierda de que VOX es fascista (facha en leguaje vulgar) son talmente infundadas a nivel técnico y no son más que estrategias electoralistas que tanto usan los políticos de este país, tanto izquierda como derecha. Llega hasta tal punto la cuestión, que el mismo Julio Anguita, expresidente de Izquierda Unida y exalcalde de Córdoba, en una entrevista en la Sexta Noche, declara que VOX no es ni fascista ni de ultraderecha al estilo europeo, sino que VOX es un escisión del PP que se apartó de este por los casos de corrupción, pero que conserva su misma esencia, pero con otros colores.

La escula Austria de economía y la pseudociencia de la praxología

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